Gilmary Caña: Riega la flor del joropo por Latinoamérica

Representa a una figura emergente que con el canto y su quehacer enriquecen el patrimonio cultural de nuestros países

Mi esposa convalecía de una enfermedad, que al final la mudó de este mundo. Días de desasosiego. Desierto de pocas alegrías. En ese tránsito de incertidumbres la poesía y la música fueron y son los oasis para dar de beber y alimentar de buena voluntad la esperanza. A diario buscaba nueva música que oír. En esa búsqueda di con una larga canción-documental del grupo de música urbana llanero Campesinos Rap de Elorza, estado Apure, integrado por Pablo Cardoza y Reinaldo Rivas. La canción es “Rubieras”, producido por Alter Media, que cuenta y aún reclama justicia por la masacre contra dieciséis indígenas cuiba venezolanos, ocurrida  en diciembre de 1967 en el legendario hato La Rubiera, propiedad de Pablo Genaro Rubio, en el departamento de Arauca. Allí la voz femenina la hace una hermosa muchacha, con potente y educada voz, con matices de una melodía capaz de hacer brotar lágrimas, que de inmediato nos recordó la de la peruana Susana Baca en la canción “Latinoamérica” de Calle 13; y también a la monumental india argentina Mercedes Sosa. Pero en “Rubieras” se trata de Gilmary Caña.

Nada más que con oírla, comencé a seguir su repertorio. Así, en primer lugar di con tres videos de canciones que ella interpreta: “Eterno no existe nada” de la autoría de Carlos Luis “calucho” Calzadilla; “Nadie da lo que no tiene”, compuesta por Juan Carlos Rodríguez, y “Viejo paso real de Elorza”, de la firma de Ramón “moncho” Ojeda, que por su poesía y lírica musical, convertí en mi himno personal en aquellos días de nostalgia. Hoy, todavía, no deja de ser canción toñeca de mis gustos.

A orillas del Arauca

A Gilmary Caña el sol la alumbró por primera vez a orillas del río Arauca en 1989. De niña, sin darse cuenta cuándo, comenzó a cantar. Quizás de tanto escuchar los arrendajos en el merecure del patio o a las chenchenas en los guarataros del rebalse. Era una chama cuando participó en el concurso televisivo ¿Cuánto vale el show? que conducía Guillermo González. Terminó como primera finalista. Además de “Rubieras”, es intérprete también de los documentales “Elorza, fiesta a la memoria”, igualmente producción de Alter Media; y “Cuatro cuerdas, una patria”, dirigido por el cuatrista Luis Pino. Allí aparece junto a figuras fundamentales de la música venezolana: Iván Pérez Rossi, Cheo Hurtado, Javier Marín, Israel Colina, el ensamble C-4 Trío, entre otros. Estos documentales los ha difundido la televisión nacional, canales web y redes sociales, en el país y en el extranjero.

Lugares de prestigio

En su travesía de festivalera, sobre su talento y estampa han recaído los primeros lugares: Voz de Oro, 1999, Elorza, estado Apure; festival estudiantil Trompos de Colores del estado Barinas, 2000, Barinas; El Pavón de Oro, 2003, estado Apure; Asogata (Asociación de Ganaderos del estado Táchira), 2003, estado Táchira y festival Augusto Bracca, 2004, estado Apure. Mereció el segundo lugar los festivales Voz de Guárico, 1998, estado Guárico y Gabancito de Oro, 1999, estado Apure. El tercer lugar le fue otorgado en el Cantaclaro, 1997, estado Apure y Asoganor del Llano, 1997, estado Táchira.

“Trabajo y canto”

Esta mujer llanera, que le gusta el chocolate, que ha viajado por Sudamérica y Europa, mantiene como lema de su existencia: “Trabajo y canto…” De hecho, en el fundo La Brisa que a pecho y pulmón ha levantado y defendido junto su compañero, el artista plástico  Juan Carlos Rodríguez, a diario se le ve en faena de ordeño, enderezando empalizadas, rotando la tierra con el tractor, sembrando, regando las plantaciones, curando de la queresa al becerro recién nacido, alimentando las cachamas en la laguna, pescando en el caño antes que se seque, soplando candela para prender el fogón en el que fríe los coporos, y después, cuando el sol cae, regresa a la laguna, se echa un baño, nada, se desestresa para luego colgar el chinchorro en el amplio patio que se llama “La Flor de la Raza”, y repone las energías, sintiendo la caricia fresca del viento que trae el aroma de las flores desde donde las sabanas apureñas se pierden de vista; lo que a veces, mientras contempla el alboroto de los pájaros, la hace cantar con el cuatro o a capela, alguna canción como “Zarpa el bongo de mi verso” que escribió el poeta Pedro Telmo Ojeda.

De tarima en tarima

Mientras no se le consigue en el trabajo, que más que trabajo, es la manera de confesarle el amor a la tierra, ese amor que hace que la tierra para; entonces es porque anda cumpliendo presentación en algún escenario de música o en algún centro de arte. Su promotor, Hernán Salazar, recuerda actuaciones en las que Gilmary Caña ha brillado con ese esplendor del lucero que en las noches se refleja en las aguas cuando el Arauca se serena. Así tenemos: Acto de declaración de Elorza Capital Folklórica de Venezuela, 2002, junto a Simón Díaz y “el carrao de Palmarito”; Encuentro Internacional Voces del Llano en Guasdualito, 2003; Fiestas de Elorza, 2001, 2016 y 2018; invitada especial al festival internacional Florentino de Oro y Florentino de Diamante, en San Fernando de Apure, 2004; Apure toma a Caracas (homenaje a Eneas Perdomo), Teatro Teresa Carreño, 2005; invitada especial al evento Voces y Pasos del Llano, Museo de Arte Contemporáneo, Caracas, 2007; invitada especial a las Ferias del Alto Apure, Guasdualiato, en sus ediciones de 2006 al 2009.  

En el año 2009, fue requerida para participar en los  perfomances “Teatro de Operaciones Nº 1” en el Centro de Arte Contemporáneo junto a Juan Carlos Rodríguez y “3 lecciones de joropo, tres poemas y un traje militar”, realizado junto al mismo artista en la Sala de Arte Contemporáneo, El Anexo, Caracas. En el año 2011 intervino en el Encuentro Internacional de Poesía con representaciones de Paraguay, Brasil y Venezuela. El evento se celebró en el complejo cultural Cultores de Elorza. Varias veces ha sido invitada especial a los festivales de Voz Universitaria.  También, en el año 2011, hizo presentaciones como invitada especial en diferentes eventos realizados en ciudades de Colombia: De Sol a Sol, realizado en Arauca y 42º Salón Nacional de Artistas de Colombia en su edición correspondiente a Cartegena de Indias.

 

Identidad

Pero para Gilmary Caña no basta trabajar el campo, cantar y viajar. Su propuesta es integral, artística y social. A la sonoridad llanera tradicional, le aporta “matices actuales en su musicalización e interpretación vocal”. Algo similar a lo que propone, dentro de la música llanera en Colombia, el cantautor Orlando “cholo” Valderrama.  Caña, además de proponer “su canto como lenguaje e imagen de la mujer llanera”, hurga en las historia y reafirma su arte como una manera de dejar huellas en la defensa, protección y proyección del sentimiento de identidad latinoamericano. Así lo manifiesta desde su primera producción discográfica “Eterno no existe nada”. Dignifica la igualdad de género y el reconocimiento a la mujer como ejemplo de integración familiar. Enriquecimiento cultural que ha obtenido de su contacto con las comunidades de la nación indígena Pumé en el Capanaparo, estado Apure, de donde proceden sus ancestros y de quienes con orgullo luce atuendos como imagen y puesta en escena para algunas de sus presentaciones.

Joropo en expansión

En ese contexto, dice que su propuesta musical tiene al joropo como plataforma fundamental. Reciente, en el mes de marzo, se celebró en su fundo Las Brisas,  el encuentro nacional denominado “Joropo en Expansión”, que permitió la participación de cultores del joropo y el baile, escritores, historiadores, comunicadores sociales, músicos, promotores, productores audiovisuales, entre otros, para abordar el joropo, la música llanera como un elemento de reafirmación de la venezolanidad y de proyección internacional de nuestra cultura.

“La flor de la raza”

Aunque tenga al joropo como base de su expresión musical, no deja de articular con otros géneros y variantes musicales. Bajo ese concepto surgió su segunda producción discográfica titulada “La flor de la raza”. Y prepara otra propuesta musical denominada “Tiempo de pasos emancipados” en un reencuentro con sus amigos de Campesinos Rap.

“La flor de la raza”, registra la ejecución de destacados músicos: Elio Corona en el arpa, Yosmar Cabrera en el cuatro, Milvier Ortíz en el bajo, Alcides Rojas en las maracas. La dirección de voz es cantautor elorzano Carmelo “el pelón” Flores”. Fue grabado en los estudios Barreto en Michelena, estado Táchira, con el ingeniero Manuel Barreto.

El disco contiene canciones como “Yo soy la América buscada”, con letra de Juan Carlos Rodríguez y música del folklore; “Tu ausencia”, de “calucho” Calzadilla, tema actualmente bien calzado en la radio nacional;  “La flor de la raza”, con letra de Elio Paredes y música de Bartolo “metralleta” González; “A los dos los necesito”, de Ariardo Guédez; “La hora del olvido”, de Alfredo Parra; “El dolor del caporal”, de Ramón “moncho” Ojeda;  “Tranquilito corazón”, de Adrián “muñiño” Dun y “calucho” Calzadilla; y “Quirpa criolla y sabanera”, escrita por Ángel Jiménez y música del folklore, entre otros temas.

Pero Gilmary Caña aún va un poco más allá. Junto a Carlos Luis “calucho” Calzadilla, en reciente video “Morena piel canela” de Producciones AM.

No queda más que decir, al momento de desear que todo esfuerzo sea recompensado por las manos de Dios, que llanero que no lleve cierto aire de nostalgia, no es llanero. Es el joropo en la sangre, es el pasaje en la piel, es la tonada en el alma, es la cultura en el pensamiento.    

Proyecto

Gilmary Caña trabaja en una tercera producción discográfica de piezas llaneras venezolanas y colombianas y un compendio de canciones tradicionales latinoamericanas ejecutadas con un ensamble conformado por el cuatrista Luis Pino y el contrabajista y pianista David Carpio. Enriquecimiento del patrimonio musical de nuestros países.