La alegría de “Ramirito campeón” puso al cielo bonito

El jueves 10 de mayo se cumplió el primer año del atardecer que las paraulatas cantaron triste en la Mesa de Guanipa, estado Anzoátegui.  Fue el anochecer en que de la tierra voló  hasta el cielo un angelito. Un simple accidente doméstico en la casa familiar de Botalón, Rejo y Sabana, en la salida de la carretera El Tigre – Pariaguán, acabó con la presencia física del niño Jesús Francisco Ramírez Riobueno, conocido entre todos como “Ramirito campeón”, de apenas 10 años de edad.
Ramirito, nacido en Ciudad Bolívar el 15 de abril de 2007, en su corta vida, por su carisma extraordinario, por su  admirable talento y por esas respuestas que a todo le daba, a veces inocentemente jocosas, otras veces de un brillo de inteligencia impresionante, se ganó el afecto de quienes llegamos a conocerlo. 
Para la historia,  desde los cinco años de edad comenzó a grabar canciones de música llanera. Dejó su participación en tres producciones discográficas, acompañado de los maestros arpistas  Francisco “pancho” Ramírez (su padre) y de Johnny “lapito” Zamora. La última grabación fue realizada en vivo en las mismas instalaciones de Botalón Rejo y Sabana. En este material fueron incluidas canciones de emotivos sentimientos como: “Se acordarán de mí” de Wilfredo Vegas; “Mamá y papá escúchenme” de Euclides Leal, que ahora, al reflexionar sobre su contenido frente a su ausencia física, parecen letras que alertaban, sin saber por supuesto, de una premonitoria despedida.
Por su manera de ser, no sólo como estudiante, cantante y aficionado a los toros coleados, sino por su empatía con cada persona que entablaba conversación animado por su espíritu de niño, pero con  firmeza y noción de adulto, nos hace decir que no todos los ángeles bajan y moran en el cielo. También hay ángeles tan especiales en la tierra que de pronto Dios los necesita y los llama de manera inexplicable para nosotros los humanos. Sin embargo, en la geografía espiritual la explicación es muy sencilla: Hay almas en la tierra que irradian tanto fulgor  que son necesarias para mantener la luz que nos ilumina desde las alturas. Eso pasó con “Ramirito campeón”. En el cielo es estrella  del amanecer. En  el llano, un lirio blanco de mayo adornando los esteros. Y entre su gente, el recuerdo de quien nació para triunfar, así la vida haya sido muy breve.