Luis Fuenmayor Toro: La cruda realidad

Hubo una elección presidencial en Venezuela el 20 de mayo. Fuera de fecha, dentro de un ventajismo oficial desatado, con serias irregularidades que comprometen al proceso e indefensión de la ciudadanía y de las candidaturas opositoras. Pero las hubo y Nicolás Maduro fue electo en medio de una abstención nunca vista en Venezuela, tomando incluso como válidos los resultados oficiales (54%). Maduro gana debido a la gran abstención habida, de origen espontáneo o inducido, lo que llevó a que votaran principalmente los suyos. No tenía realmente que hacer trampas para ganar.

El uso del carnet de la patria para la compra delictiva de votos, algo público y notorio de los discursos proselitistas del candidato-presidente y práctica aceptada por la propia Tibisay Lucena, al prohibir los pagos del Ejecutivo a los votantes; el uso aberrante del voto asistido y el acarreo de votantes a centros electorales que debieron cerrar a las 6 pm, al no existir electores en fila esperando para ejercer su derecho, fueron utilizados para abultar la votación del Gobierno y reducir la abstención total. Para las 6 de la tarde la participación apenas llegaba al 30 por ciento y la distribución absoluta de los votos, entre los tres primeros candidatos, era en una relación aproximada de 3:2:1 (Maduro:Falcón:Bertucci).

Se demostró que el Gobierno, a pesar de su poder, no pudo inflar los resultados para aumentar la participación hasta un 60 por ciento, lo cual le hubiera permitido una posición más cómoda en el país y fuera del mismo. Hoy, aunque el discurso gubernamental no toca la gigantesca abstención habida, signo claro del rechazo al gobierno de Maduro y su claque, la misma ha producido a su interior y el del PSUV un aflorar de objeciones y reclamos, que cuestionan severamente el liderazgo del Presidente y hacen aparecer sucesores dispuestos a sacrificarse de inmediato. No toca Maduro en sus declaraciones la bajísima votación de “Somos Venezuela”, partido creado por el Presidente como contra balance del PSUV de Diosdado.

No pudo la alianza de partidos y grupos alrededor de Falcón lograr convencer a los venezolanos de que fueran a votar. La gran desconfianza en el sistema electoral, la desesperanza extrema, la ausencia de un liderazgo nacional fuerte y creíble, la preocupación por sobrevivir y la actitud omnipotente del gobierno, fueron todos elementos que impulsaron la abstención y que determinaron los resultados. Maduro tuvo una victoria pírrica, como dijo uno de sus mejores escribidores, hoy crucificado por la “nomenclatura” al atreverse a pensar con cabeza propia.

La oposición abstencionista, dividida, mentalmente colonizada y fracasada, ha hecho de la derrota sufrida por Venezuela un motivo de celebración absurdo, pues significa aplaudir el triunfo electoral de Maduro  y alegrarse con un mayor sufrimiento para los venezolanos, aparte de alentar salidas violentas inconstitucionales e incluso de inaceptable injerencia militar extranjera. Se ve claramente que esa dirigencia no sufre lo que sufrimos el resto de los pobladores de este país. Además, al igual que el gobierno, se atribuye un éxito político inexistente, al tratar de hacer aparecer a los abstencionistas como sus seguidores.

La presión indebida internacional no se hizo esperar. Trump extiende sus sanciones al país y a PDVSA, no a sus gobernantes sino a toda la población, pues afectar las posibilidades económicas de Venezuela y de la empresa de la que dependemos nos lesiona a todos. Le da así además argumentos al gobierno para explicar sus fracasos y excusas frente a sus ciudadanos; en definitiva favorece a Maduro, con una política que ha fracasado en casi todas partes donde se ha aplicado. Política además que violenta la soberanía, el derecho internacional y los derechos humanos.

Nace por fin una nueva oposición gestada alrededor de la correcta y valiente decisión de Henri Falcón de participar en las elecciones, que se introduce entre quienes hasta ahora han hegemonizado el escenario político venezolano. Sus votantes y los de Bertucci serían inicialmente la base popular de esta tendencia, que arrancaría con un respaldo entre 2 y 3 millones de votos. Esta opción ha decidido la vía pacífica, constitucional y electoral, para el desarrollo de sus políticas y la toma del poder, el camino de la unidad dentro de la diversidad para su crecimiento y consolidación como una opción real, la participación de todos los sectores del escenario político venezolano, para garantizar la pluralidad democrática y el desarrollo de un programa de gobierno acorde con los intereses nacionales.