Luis Latuff le da “cambur pintón” al despecho

CARLOS SAN DIEGO

Un amplio paño de sabana que sirve de asentamiento petrolero, lo vio nacer. Su primer llanto se confundió entre el golpe metálico del taladro de perforación y el ruido de las máquinas que mueve los balancines. Luis Latuff  nació en el caserío de Otrora, en Caripito, estado Monagas. Como en su sangre tiene descendencia árabe, rápido le asignaron a su nombre el mote de “el turco”.

Su espíritu de niño de inmediato se contagió del ambiente que le rodeaba. Cría de ganados. Agro. Petróleo y la música. Supo deslindar, por gusto, por encanto y por práctica, la tendencia llanera de los constantes sonidos del tecnovallenato  y “la lambada” que en su infancia abundaban en cualquier casa de Otrora o cualquier otro pueblo de Monagas y Venezuela.

Desde entonces aprendió a afinar y a ejecutar el cuatro. El típico sonido del “cambur pintón” que da el movimiento descendente sobre las cuerdas afinadas del cuatro, se convirtió en melodía para sus canciones, en el acompañante para tributarle voz a los amores y desamores que izan o recogen su bandera en las praderas del corazón a lo largo de la existencia.

Con una voz de buen timbre y de educados matices, Latuff, residenciado en Maturín, estado Monagas, después de haber grabado una primera propuesta musical titulada “Por mi patria y pa’ mi gente”, ha echado a volar su segundo material discográfico “Sigue trochando mi canto”. Este disco lo define como una contribución para enriquecer la cultura llanera. Trabajo en el que pone su fe, amor y respeto hacia las costumbres de la vida rural. Ello le ha ganado consideración, respeto y admiración del público y cultores del género criollo en Venezuela y en Colombia.

“Sigue trochando mi canto” está compuesto de 11 canciones. Fue realizado en 2015. De esas 11 piezas le han permitido a Latuff consagrarse como cantautor “La razón de mi joropo”, letra de Luis Jiménez y música del folklore; “Se me fue el caballerizo”, creación de Luis Jiménez y Luis Latuff; “Coplas y filo e` lomo”, también escrita por Jiménez, y la canción que se ha convertido en emblema para la carrera artística del “turco” Latuff: “Cuatro pa’ un despecho” de la autoría de Luis Jiménez; en la que el típico instrumento musical, como en muchos otros casos, del “alma” de sus cuerdas, más que “cambur pintón”, después que afina, se le pide que acompañe con su melodía a superar la falta de correspondencia de un amor. Así ayuda a enderezar las torceduras que ocasionan las heridas y cicatrices de un guayabo, para seguir adelante por los caminos del llano bajo el sol o con un lucero de guía, cantándole a la esperanza de un nuevo amor.

“Sigue trochando mi canto”  fue grabado con los conjuntos  musicales de Gustavo Guédez y Saúl Silva, en estudios Llano Record Stereo en la ciudad de Valencia.  De las obras que lo componen suenan todas en la radio y se conocen en redes sociales, en las que “Cuatro pa` un despecho”, ha recibido miles de cientos de descargas.