Ismary Cuauro desata el amor

CARLOS SAN DIEGO

Su apariencia física se me ocurre a la de una chulinguita blanca. Una paraulata, de esas que cantan en las ramas del cují negro que resiste en el medanal. Pero cuando sube a un escenario y suelta su grito que se convierte en eco: “¡Mi gente… la parranda es para amanecer!”, te das cuenta que esta muchacha es un portento al echar a volar su canto. Su voz, educada en corales estudiantiles, le permite proyectarla a placer en la interpretación del joropo, el pasaje, los golpes y la tonada. Además, es bailadora de música llanera. En sus pasos y en el donaire de su cuerpo tiene gracia de ángel.  

Ella es Ismary Cuauro. Nació en Coro, estado Falcón, el día de los santos inocentes, 28 de diciembre de 1993. Cuando ingresó a la escuela básica, integró corales y grupos de danzas. A parte, estudió modelaje. Esta preparación le otorgó credenciales para participar en distintos festivales de música recia. Un total de 18 reconocimientos entre primer y segundo lugar registra su hoja de competencias.

Desde la etapa inicial hasta la universidad, su carrera artística se ha desarrollado paralela a la formación académica. Primero se graduó de TSU en Producción Audiovisual. Luego obtuvo el título de Licenciada en Comunicación Social.

A finales del año 2016, grabó su primera producción musical. La canción “Cobarde”, del compositor Ángel Abreu, le dio proyección en Venezuela, Colombia, Estados Unidos, Chile, Ecuador, Perú y Argentina.

Ella misma afirma que subir y bajar grandes escenarios le ha dado confianza, aprendizaje y madurez. “El joropo es mi encanto y mi voz el esplendor  con que día a día despierto a orarle a Dios por mi país. Recuerdo que desde niña soñaba ser artista. Mi madre siempre me apoyó. Sin embargo, en una ocasión se me olvidó la letra del Himno Nacional en la escuela. Sentí susto. Tanto fue mi desespero que me provocó llorar. La maestra con angustia me hacía señas, tratando de hacerme recordar la letra del ‘Gloria al bravo pueblo’. Recibí un buen regaño. Pero aprendí a tener seguridad para hacer las cosas. Sobre todo, poner amor en lo que hago.

Ahora, Ismary Cuauro, con el resplandor de los Médanos de Coro, cabalga otra vez en el caballo de la buena suerte para ofrecer al público el promocional de su nuevo disco: “Amor sin ataduras”. Obra del compositor barinés Leonardo Araujo.

Esta segunda propuesta musical de Cuauro no se queda allí. Ya tiene a puerta de corral para la promoción “Me voy pal’ llano” del compositor Pedro Zúñiga, del estado Portuguesa.

Rozagante. Su energía juvenil contagia. Uno entiende por qué dice que siempre ha sido amante del color blanco: Representa paz y pureza. Paz y pureza que se disfruta al oír su canto. Trino de chulinguita alba.