Venezuela reporta el caso más grave en infecciones de malaria, según la OMS

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), nueve países de América informaron de un aumento de al menos un 20% de los casos de malaria, mayor que en cualquier otra región.

En el caso de Venezuela, que erradicó esta enfermedad en el año 1961 y fue considerado en ese entonces como una hazaña en salud pública, actualmente se ha vuelto la situación más grave donde el presidente Nicolás Maduro se ha negado a aceptar ayudas en donaciones médicas, en medio de la crisis económica que atraviesa el país.

Las infecciones por malaria en Venezuela han aumentado desde el año 2008, y según el doctor Alexandre Macedo de Oliveira, investigador de la malaria en los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, los venezolanos llevan la infección consigo cuando cruzan las fronteras hacia Guayana, Colombia y Brasil, según reseña The New York Times.

“La voluntad política es el aspecto más importante para eliminar la malaria. Tenemos herramientas efectivas: mosquiteros, métodos de control de vectores, tratamientos. Llegamos a cierto punto, vemos el final del túnel, y luego nos arriesgamos a perder el compromiso”, dijo el doctor Marcos Espinal, director del departamento de enfermedades transmisibles de la Organización Panamericana de la Salud.

Funcionarios de la OMS coinciden en que el principal obstáculo para luchar contra la malaria es la complacencia, es decir, que los políticos destinan los recursos nacionales a otras prioridades a medida que el caso de infecciones haya podido disminuir.

“Si no mantienes el acelerador al máximo, si no se permanece intensamente concentrado en el tema, la malaria va a regresar”, dijo Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo. “Hasta que no haya un gobierno en Venezuela dispuesto a hacer algo al respecto, es difícil hacer nada más que esperar”, agregó.

La malaria, también conocida como paludismo, es una enfermedad de sangre contraída por la picadura de un mosquito infectado que mata a unas 445.000 personas cada año, en su mayoría a niños, mientras que las herramientas y tratamientos para su prevención son rentables y conocidos.

Sin embargo, esta lucha contra su propagación se ha vuelto más compleja en zonas rurales de América Central, donde las comunidades carecen de acceso inmediato a servicios de atención médica, y la detección e interrupción es todo un desafío.

Fuente: Sumarium