Augusto Rafael Velásquez: El amor por las plantas lo convirtió en escritor

Carlos San Diego

EL TIGRE. En ese oleaje de sueños que es la vida, en esas andanzas de Dios que es el tiempo, conocí hace ya algunos años a Augusto Rafael Velásquez. Lo conocí pedaleando una bicicleta por las calles de tierra del barrio Simón Bolívar. Llevaba en la mano una boleta de lotería de animalitos, alegre y conversador, inequívoco carisma de la identidad de las personas nacidas en el oriente del país, a quienes la sal del Caribe les añade como una especie de pimienta en el ánimo.

Cuando no salía ni el caballo, ni el toro, ni la araña, ni el pájaro, ni la culebra… y le quedaba la ganancia del día, la repartía entre el sustento de su casa y para costearse los estudios de Ingeniería Agrónoma en la Universidad de Oriente, núcleo Jusepín, estado Monagas.

Allí un día se encontró con la antigua y famosa máxima que se atribuye al profético mensaje del islam Muhammad: “Escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo”, para sentirse realizado.  Eso lo marcó. Se hizo propósito en su vida. Así, en su misma casa en el mismo barrio Simón Bolívar, instaló un vivero al que denominó Invelca, en que comenzó a aplicar paso a paso los conocimientos que adquiría en su formación universitaria.

Como no tenía para pagar publicidad en los medios de comunicación masivos. Mientras vendía animalitos, por la calle pregonaba la lotería, pero al detenerse a atender a algún cliente, le ofrecía la producción del vivero. Después, cuando comenzó a ser más próspero el negocio, colocó avisos y vallas en las calles indicando la dirección. Siempre con una visión de crecimiento.

Una vez graduado de ingeniero en Agronomía, (junio de 1994), en la medida que estudiaba las plantas, su evolución y componentes, además de saber que son seres vivos hermosos, descubrió a través de ellas, otro mundo, otro universo interesante que está más allá de la presencia física de una hoja, de un tallo, de una flor, de un fruto, en sí, más allá de ese resultado hermoso que se da en una una planta. Entendió que en las plantas existe una belleza profunda, una condición que hay que descubrir para sentirla. Es el amor por ellas, las plantas, a las que insiste que hay que llamarlas plantas y no matas. Pues, mata es la femenina del mato (lagarto).

Como Augusto Rafael Velásquez dice que a “toda sabiduría la llaman locura”, eso quizás, lo llevó a entender que no podía quedarse disfrutando para sí mismo de esa sensación maravillosa, de esos conocimientos que podía legar a la presente y nuevas generaciones de manera sencilla y hasta pedagógica, utilizando para ello la escritura.

Pero, primero se le hizo más fácil abordar la radio para emprender ese proyecto. Así nació en Radio Fe y Alegría El Tigre, el programa de emisión semanal “Agronomía a su alcance”, en el que Velásquez aportaba una serie de recomendaciones sobre suelos, cultivos y producción vegetal.

Como nunca está quieto. En su mente, siempre existe como un navegante que va remando día y noche, avanzando hacia nuevas metas, que fortalece con investigaciones y estudios. Fue cuando vio que del programa de la radio podía surgir un libro y en efecto, publicó a través de Editorial Betanco el libro “Agronomía a su alcance”, (2006), ideal para comprender a través de sus páginas cómo sembrar y cultivar con éxito la tierra, sin dejar de lado de inculcar con reflexiones que la agricultura es un trabajo al que hay que dedicarle todo el amor posible. Dice que las plantas oyen, ven, sienten, se alegran, pero también sufren. Su batalla es por la vida. Así, deletreando el amor por la supervivencia de las plantas, Augusto Rafael Velásquez, quien además de ingeniero agrónomo, docente, es abogado, se hizo escritor, en la que además de informar sobre agronomía, sostiene, a través de mensajes, un constante llamado a la reflexión, a la sana conducta del ser humano. Valores que también inculca y pone a prueba en su conversación cotidiana, ya que es un buen conversador.

El libro más reciente de Augusto Rafael Velásquez, nacido en 1963, en Queremene, Río Caribe, estado Sucre,  es “Antología de las plantas” (Impresos Marina León 2013, C.A). Se trata de un trabajo de investigación referido a las plantas ornamentales. La iniciativa de escribirlo de una conversación con el artista visual Oscar José Aguilera Sojo (Ojas), admirador del color majestuoso de las flores. Allí ofrece al lector información especificada sobre más de cien plantas de jardín comunes a nuestra zona y que están a disposición en su vivero instalado en la avenida Intercomunal El Tigre, San José de Guanipa, a la entrada de Makro en El Tigre. Su descripción, nombre científico, reino, clase, orden, familia, género y especie, preparación de suelo, distribución de hábitat, cuido, clasificación, con flores y sin flores, riego, abono, poda.

Entre sus recomendaciones se encuentra la de que las plantas deben regarse una vez que se oculta el sol o antes del amanecer. Una, porque está el suelo fresco y otra, por la estructura de absorción de las hojas y aspersión de las raíces, que mientras hay luz solar, esta estructura no aprovecha la humedad. Al contrario, se podrían secar. Al pegarle el sol a la planta, la humedad se evapora. Explica que ocurre lo que se llama evapotranspiración Pero si es agua de lluvia, es un caso inevitable, es natural o divina. Y por supuesto, antes de llover el sol se oculta detrás de las nubes de agua. El manejo y trato de las plantas, además de riego, trasplante, poda, aplicación de abono y vitaminas, control de insectos,  por ejemplo, debe realizarse entonces, a partir de las cuatro de la tarde o a las cuatro de la mañana. “Toda planta necesita de tratamiento y cuidado. Las únicas que no lo necesitan son las artificiales”, afirma.

Considera que escribir, en su caso, también obedece a la necesidad de asesorar. La necesidad de comunicación. Además de los estudiantes que acuden a él para que los asesore sobre los terrenos para montar viveros, mucha gente, clientes y amigos llegan solicitando recomendaciones sobre cultivo de plantas, y allí, aparte de lo que pueda explicarles, en sus libros encuentran información necesaria y complementaria. De hecho, “Antología de las plantas”, ya tiene una segunda edición.   

Un tercer libro de este autor será publicado el próximo año, “La lombricultura en Venezuela”. Enfatiza que, aunque ha estado involucrado en otros proyectos ambiciosos como la siembra de sábila en la Mesa de Guanipa y planta recolección y tratamiento de la basura en el municipio Simón Rodríguez, la lombricultura es su proyecto de vida. Allí invierte su esfuerzo y recursos sin escatimar. A su juicio, es lo más recomendable y lo que marcará la pauta en la cada vez más necesaria agricultura ecológica del futuro.

Gesto

Augusto Rafael Velásquez es de las personas que predican la amistad con hechos. Le encaja a la perfección uno de sus reflexiones que aparece en “Antología de las plantas”: “Un verdadero amigo es quien te da la mano y te toca el corazón”. Entre estas demostraciones de amistad, está el gesto que hizo con un estudiante al que dio clases en la Universidad Politécnica Territorial José Antonio Anzoátegui (Uptjaa). Después que el joven se graduó, le pidió a Velásquez que le ayudara a conseguir un trabajo. Velásquez, que además de ser profesor en Uptjaa lo era también en la Escuela Técnica Agropecuaria Robinsoniana de El Tigre,  le dijo que no era fácil. Pero que si estaba dispuesto a dar clases. El muchacho le dijo que sí. El profesor renunció a su cargo docente en la Escuela Técnica Agropecuaria y se lo cedió al recién graduado. 36 horas semanales para que se ganara la vida. Y lo hizo porque, Además de amigo, sabía de las necesidades que había en el hogar del joven.