Crisis en Venezuela: ¡Se le pudren los pies de tanto caminar!

QUITO. La ropa cuelga en los árboles o se extiende sobre algunas carpas. El ruido de los automotores interrumpe las conversaciones de los venezolanos que permanecen en el intercambiador de Carcelén, en el norte de Quito. La repentina lluvia del verano capitalino hizo que las pocas pertenencias de estas personas se empaparan e incluso cogieran mal olor.

José Carrizales descansa sobre un bulto de ropa, mientras se coloca una crema en sus heridos pies. Todo empezó con ampollas por los largos caminos que recorrió a pie desde su natal Venezuela. “Caminamos como quince días, a veces nos daban aventones y dormíamos en la carretera”, rememora el hombre de 60 años.

José llegó con sus dos hijos con la esperanza de reunir dinero para enviarlo a su esposa y sus cuatro nietos que se quedaron en casa, pero hasta ahora no han conseguido nada.

Ellos se refugiaban al principio en la terminal terrestre de Carcelén en el norte de Quito, pero luego fueron removidos a otro lugar, prestado por una empresa privada, de donde también tuvieron que salir. “Una noche dormí con mucha fiebre y no me dieron ni una pastilla”, cuenta José.

Janina Ocando, también ‘habitante provisional’ del césped, relata que hubo varios problemas con los administradores de este refugio. “Algunos dormían sin comer, no se repartían las donaciones y cumplidos los tres días nos mandaron”, afirma.

Sin embargo, José Bracho, uno de los encargados de este centro, comenta que estas personas habrían querido tomarse el lugar a la fuerza.

“La reglamentación de los tres días se tomó porque estaban llegando donaciones de pasajes, pero desde el viernes no hay nada”, sostiene Bracho.

Reiteró, además, que no pueden sacar a sus compatriotas del lugar por humanidad. “Tenemos un registro de lo que llega y lo que se entrega. Todo está en orden”, asevera Bracho.

José, por su parte, piensa quedarse en Ecuador, pero quiere trabajar. “No quiero que me den dinero, trabajo de lo que sea”, asegura.

Llegó ayuda de los vecinos

La mañana del martes 31 de julio, los moradores de Carcelén, en conjunto con una iglesia cristiana que funciona allí, les compraron 40 pasajes y les llevaron un poco de comida a quienes pernoctaron a la intemperie.

“Priorizamos mujeres con niños para que sigan su travesía a otros países”, afirmó Daysi Cárdenas. También se colocó un plástico grande para que se protejan de las lluvias.

Fuente: Extra.Ec