Delincuencia desplaza a productores agropecuarios del sur de Anzoátegui

EL TIGRE. En más de un 70 por ciento se estima la disminución de la producción agropecuaria en la zona sur del estado Anzoátegui.

Los factores que inciden en esta baja son fáciles de enumerar, pero difíciles de resolver, si no se logran unir un conjunto de fuerzas que incluya al gobierno central, gremios de productores, comercializadores de productos, organismos de seguridad y comunidades organizadas.

Escasez de mano de obra dispuesta a trabajar en el campo es uno de estos factores. La mano de obra disponible que hasta hace poco más de un año prefiería trabajar o chancear un mes en la industria o empresas contratistas de la industria petrolera que operan en la Faja Petrolífera del Orinoco, antes que meterle el pecho a la agricultura o cría de animales, ahora se ha desplazado a las minas del estado Bolívar o ha emigrado del país.  

Otro de los asuntos adversos es las dificultades para conseguir créditos e  insumos, maquinaria, fertilizantes, alimentos y transporte. Por una parte, falla el suministro a tiempo. Cuando llega, según algunas denuncias de los mismos productores, se reparte dentro de un grupo “selecto”, y si se consigue es con un precio inaccesible para los productores.

Ponen por ejemplo, que un saco de semilla de maíz amarillo de 20 kilos, que debería ser vendido al productor en 900 mil bolívares, las “mafias”, enroques y bachaqueros del agro lo venden en 35 millones de bolívares.

Por otro lado,   la maquinaria no se consigue. El alquiler de algún tractor cuesta todos los reales del mundo. Los tractores asignados a las comunidades organizadas no dieron resultados. Cuando se obtiene el servicio a través de estos equipos, beneficia “a un grupito privilegiado”, lo que muchas veces termina en diferencias que estropean las relaciones personales. Para conseguir créditos la tramitación es agotadora, y unas cuantas veces ha ocurrido, que cuando se aprueba, ya han pasado los ciclos aptos para iniciar la siembra o producción, por lo que el dinero se devalúa, mientras los intereses se mantienen activos.

Como desventaja también se refleja las expropiaciones y amenazas del Ejecutivo nacional de ponerle la mano a tierras que con todas las limitaciones se encuentran produciendo, pero que al cabo de un tiempo en manos de las llamadas empresas socialistas, se paralizan, acaban con lo poco que había, y después de todo un aparataje mediático y de millonarias inversiones, viene el abandono, la desidia y las pérdidas inauditables.

Dentro de los puntos más preocupantes para los trabajadores del campo está el de la delincuencia que sin contemplación alguna desde hace varios años azota a productores y campesinos del sur del estado Anzoátegui, con pérdidas no sólo materiales, también de vidas humanas sin que gobierno u organismo alguno haya podido controlarlo.

Entre la espada y la pared

“En estos momentos se ha reducido la producción agropecuaria en la zona está en un 70% o menos. Las fincas están quedando abandonadas y los que siguen trabajando allí están a cuenta y riesgo de sus propias vidas y de la de los suyos”, comenta Mauro Barrios, quien fue presidente de la Asociación de Ganaderos del municipio Simón Rodríguez.

Agrega que es muy triste llegar de mañana a la finca y encontrar en los corrales decenas de cabezas de ganado descuartizadas por los hampones en la noche y si hay personas que atienden la casa, si corren con suerte están maniatados en algún cuarto, golpeados, violados y en medio de un estado de shock difícil de superar, y en el peor de los casos, como ha ocurrido en muchas ocasiones, aparecen muertos aumentando la tragedia desoladora de los restos de reses descuartizadas. En medio de tantas “rogativas” formulas la denuncia y más que una denuncia, parece un saludo a la bandera o un requisito indispensable para saber que te han robado. “No se averigua nada, no se castiga a nadie, la impunidad reina y la justicia se hace más ciega que nunca. Nos encontramos entre la espada y la pared. Esperamos que el nuevo Gobierno logre desmadejar este terrible meollo, que tiene que ver directamente con una de sus políticas de Estado como lo es la soberanía agroalimentaria”.

“Con el dolor del alma”                              

Jesús Alberto Marcano, quien en los años 80 llegó a ser un próspero productor agropecuario del sur de Anzoátegui, propiamente en el municipio Independencia, donde contribuyó a impulsar la siembra de maní y una vez que este cultivo por razones aún no aclaradas dejó de ser subsidiado por el Gobierno, se dedicó a la cría de ganado vacuno y ovino, sufrió una de estas indeseables experiencias.

“Tenía mi fundo en el sector de La Viuda. Todo marchaba muy bien hasta que comenzaron a meterse los delincuentes. La primera vez pensé que era una incursión más de la delincuencia. En esa oportunidad golpearon a los trabajadores y los maniataron, y preguntaban que a qué hora llegaba, qué  tipo de carros tenía y si tenía mujer o hijas de buen físico, el propietario del fundo. Embarcaron algunas reses que estaban en el corral en un camión y se las llevaron”, cuenta Marcano.

Relata que otras tres veces volvieron los hampones a su fundo, llevándose cuanto tenían a su alcance. “Por supuesto, cada vez que volvían tenía después que conseguir nuevos trabajadores, porque ninguno se quedaba para repetir la experiencia a expensas de sus vidas”.

“Pero en la última incursión, con todo el dolor del alma y quedando prácticamente en la calle y con todos mis recursos y casa perdidos por culpa de la delincuencia desbordada e incontrolable, decidí dejar todo atrás y venirme a vivir de lo que Dios provea en la ciudad de El Tigre. En esa ocasión los delincuentes llevaron al fundo dos camiones, uno 750 y un 350, hirieron de bala a uno de los dos trabajadores que tenía allá, y de todas maneras los encerraron en un cuarto, durante dos días, mientras que ellos se dieron a la tarea de salir a recoger el ganado en los potreros y dieron dos viajes en cada camión cargando libremente el ganado e incluso pasando por un puesto de peaje de la Guardia Nacional Bolivariana. Así arrasaron hasta con los platos y demás utensilios de cocina. Cuando yo regresé el fin de semana, encontré la desolación y me preocupó muchísimo no ver a los dos trabajadores. Cuando abrí el cuarto los encontré moribundos. No me dio tiempo de más nada si no de prestarles la atención inmediata y trasladarlos a un centro hospitalario, sintiendo a un detrás la sombra del terror”.

Así como este caso, hay y se repiten decenas en esta zona anzoatiguense, azotada por la inseguridad.

Fuente: CSD