Akaatompo: El reencuentro con los muertos

Carlos San Diego

EL TIGRE. Los difuntos regresan. En la casa, en el pueblo, familiares, vecinos y amigos se embargan de una inmensa alegría: Se vuelve a compartir lo que fue en vida. En cada persona que llega, en cada persona que comparte y disfruta los momentos de visita con la felicidad del añorado reencuentro de los antepasados. De allí, en torno a la comida, la bebida, el canto y el baile de mare mare, expresión artística más común kari’ña; bajo una atmósfera mágica y religiosa, embargada por un generoso espíritu de familiaridad, renace la existencia para el pueblo. Cada visitante es un espíritu que regresa. 

En esos momentos, los sentimientos y recuerdos hermosos renacen con la llegada del visitante que simboliza la imagen de las personas del pueblo o comunidad que han fallecido. Por eso el akaatompo, (la fiesta de los muertos), es el reencuentro con los difuntos.

El akaatompo se realiza el 1° y 2 de noviembre de cada año (día de los Santos y de los fieles difuntos para la religión católica), religión que tradicionalmente conmemora estos días, sobre todo el 2, con señales de duelo, no así para la religión kari’ña, en la que el 1° de noviembre se celebra y brinda por el retorno espiritual de los niños muertos y el 2 de noviembre, cuando es más significativa la celebración, se reserva para recibir el espíritu de los adultos fallecidos. Es una fiesta.

Este ritual, de acuerdo a investigaciones de docentes kari`ña, tiene su origen en un funeral realizado en tiempos remotos al cacique Mare Mare, que fue sepultado bajo un árbol frondoso en el camino que conducía de la Mesa de Guanipa (Anzoátegui) a Angostura (Bolívar). Existe una canción aunque la música no es la más auténtica.

Cantos en los cementerios

Cuando la aurora no ha terminado de recoger el manto de rocío que deja la noche sobre la vegetación de la sabana o el bosque, los kari´ña en grupos familiares visitan los cementerios de las comunidades (Tascabaña, Kashaama, Bajo Hondo, Mapiricure, Barbonero, Mare Mare, El Guasey), curiosamente, como ocurre en la mesa de Guanipa, municipios Freites, Anaco, Miranda y Monagas del estado Anzoátegui, algunos están ubicados en pequeños cerros y cerca de algún río. El cerro eleva almas. El río limpia espíritus.

Llevan obsequios, flores, comida, bebida, cantos y música, con lo que brindan un agasajo a los muertos, para que se sientan bien en el reencuentro, depositando cuanto pueden en las tumbas, mientras obsequian a propios y visitantes con esos mismos productos y arte. Limpian las tumbas y reacomodan objetos y pertenencias del muerto que dejan en el lecho fúnebre al momento del entierro hasta que el tiempo se encarga de desaparecerlos. Hablan con los muertos. Los iluminan encendiendo alguna vela. Les cantan (en idioma kari’ña) y les bailan mare mare, función que casi siempre ejerce un anciano, mujer u hombre. Es una ronda de duelo y alegría a un mismo tiempo. Lagrimas brotan de algunos ojos que son disipadas por palabras de consuelo y algún canto memorioso para recordar al difundo. Es un saludo de retorno.  

Esto constituye una ceremonia de profundas emociones en la que cantantes, bailadores o familiares presentes pueden entrar en trance, por los motivos y recuerdos que expresa el canto, la fuerza de la presencia invisible pero palpable a la sensibilidad humana. Cuestión espiritual.

Este rito en el que se conjuga canto y baile es como una elegía, evocación poética a la memoria del difunto, a su paso por la tierra, al mismo tiempo es una invocación para pedirle que ilumine a sus familiares que todavía transitan por este “valle” para que sus esfuerzos resulten fructíferos y tenga abundancia de bienes y salud, las plagas se alejen de los sembradíos y las cosechas se den sin contratiempos; igualmente para que interceda y facilite obras buenas para el pueblo. Al mismo tiempo se le da gracias por regresar sin olvidar los pasos que en vida material recorrió. Es tradición del kari’ña depositar en la tumba de sus muertos sus pertenencias, incluyendo las últimas medicinas que tomó. Junto a la luz de las velas se puedo observar cholas, zapatos, cucharas, platos, teteros, juguetes y cepillos de dientes. Los objetos esperan también el regreso año a año. 

El regreso de los ausentes

En la casa de las familias kari´ña, que haya fallecido alguna o más personas, desde la madrugada del día del akaatompo se preparan para recibir el espíritu, cuya presencia, como dijimos, se manifiesta o reencarna en las personas que visitan el hogar. Bien sean del mismo pueblo o foráneas.

De acuerdo a la religión kari’ña, se supone, que por tener tanto tiempo fuera de casa, el difunto regresa con hambre y sed. Para satisfacerlo se prepara suficiente comida y bebida, con preferencia por las que más le gustaban en vida: Sopa de gallina, arroz con costilla de res, frijoles con carne salada, pollo guisado, chivo. También carne de animales silvestres: Iguana, venado, baba, cachicamo, pescado de laguna y río, terecay, conejo, lapa, chigüire, etc.; acompañada de otros rubros como: Caraotas con arroz, maíz cocido, ají picante, ocumo, yuca, caña dulce, ñame, batata, cazabe, naiboa y frutas como: Mango, merey, naranja, limón, cambur, topocho, mandarina, coco, hicaco,  guayaba, parchita, entre otras muchas. Una comilona. Y todavía se obsequia para que el visitante lleve. No hay mezquindad.

 

La bebida típica que se prepara es el kashiire, especie de licor kari`ña que se obtiene del fermento del cazabe quemado disuelto en agua, batata y piña. Se endulza con azúcar. También se prepara con yare de yuca amarga, pero el proceso de elaboración es más complicado. Hay que cocerlo para eliminar el componente venenoso del yare.  En algunos casos, para darle mejor sabor se deja fermentar en un tronco de la palma moriche verde, abierto en forma de canoa, que sirve de depósito de líquido. Sus efectos de embriaguez son moderados.

En los últimos años se usa mucho como bebida y brindis el ron blanco. En algunas casas se brinda con cerveza, lo que desdibuja elementos de la tradición. También se prepara chicha de arroz o de batata y carato de maíz. Igual, se puede ofrecer tabaco macerado si dentro del grupo existe alguien que lo mastique o lo prepare en forma de güima  (cigarrillo artesanal).  

En las comunidades de Tascabaña, Kashaama y Mapiricure, municipio Freites del estado Anzoátegui, en los más recientes akaatompo, la comida se prepara en forma colectiva en un sitio escogido (cada dueño de casa aporta ingredientes), en gran cantidad y se ofrece a todos los presentes, pasado el mediodía. Luego se recorre las casas en las que ha fallecido alguna persona. Las puertas permanecen abiertas.

 

Casa tras casa, calle tras calle

Comúnmente, las visitas en los hogares kari`ña, se reciben durante todo el día, aunque después de media mañana, luego del breve reposo de las familias después de regresar de los cementerios, y en las primeras horas de la tarde son más frecuentes, cuando llegan grupos de personas de otras comunidades, porque anualmente se escoge una comunidad, como anfitriona. La falta de transporte ahora afecta esta tradición.

Caída la tarde, ya con el fervor de la fiesta y la motivación despierta en los adultos, estimulados por las bebidas de efectos etílicos, se sale a la calle, congregados en grupos de baile colectivo al compás de los músicos que tocan mare mare en vivo junto a los cantantes. Los participantes realizan el recorrido  tomados por la cintura y los hombros. Así se entra de visita a las viviendas en las que haya muerto algún miembro de la familia. Son recibidos con ofrendas de algún producto comestible.  Comúnmente, cosecha propia.

Mientras se baila el mare mare, el cantor o cantora, exalta y evoca las virtudes del extinto o extinta, donde los familiares que le sobreviven, regocijados, brindan y obsequian comida y bebida a los visitantes, ofrendas a la vida, que sin parar el baile, mientras les sirven bebibas, atan a alguna parte del cuerpo de los músicos o de los bailadores en representación de los demás que lo acompañan. Así van acumulando comida.  

En otros casos, durante la visita, el canto aviva tanto los recuerdos del difunto o difunta que algún familiar puede romper en llanto o sollozar a escondidas; mientras el baile  no se detiene, casa tras casa, calle tras calle. El recorrido puede durar hasta el amanecer.  

Los instrumentos que se usan en la actualidad para la ejecución del mare mare son, cuatro, mandolina, guitarra, maracas y tambor de cuero y tapara (saampura). Antiguamente el canto era acompañado sólo por carrizos, flautas indígenas pito (pitchu), que es una flauta larga, y el bereekeshi que son varias bocas de carrizos atados, que llevados a los labios se toca a semejanza de la armónica. Existen bereekushi macho y hembra. Requieren de afinación para su ejecución.  Su fabricante debe tener los conocimientos necesarios para que pueda ser ejecutado debidamente.  Si la labor de artesanía es mala, no será más que un objeto decorativo.

Hay momentos de gran belleza, cuando la realización del ritual coincide con época de luna llena y el grupo humano con el rigor de la música, el canto y el baile cruza la sabana bajo el sereno olor nocturno del mastrantal florecido, en dirección a una casa distante del poblado en la que haya fallecido alguien. También sucede cuando se disponen visitas a los cementerios, lo que con frecuencia sucede en Kashaama, donde reposan los restos del general, püddai (brujo-curandero) y abuelo Leonardo Tamana`sho, que tuvo participación en la guerra federal (1959-1853) por lo que es una especie de héroe para el pueblo kari`ña y de alto significado de veneración en la historia étnica y social de la localidad. Su nombre infunde respeto.

Trajes de rayas: naaba  

Para el ritual, las mujeres kari`ña lucen, en su mayoría, su vestido típico, la naaba o sayal con rayas verticales y horizontales de colores vivos. Algunos hombres llevan su tradicional pentü o landilla, que es de tela azul con rayas blancas verticales, que al atarla a la cintura, queda abierta por un lado cubriéndoles los muslos y dejando las piernas al descubierto. El ritual se puede prolongar hasta el 3 de noviembre, con visita a alguna familia, a cuya casa, por alguna circunstancia no se pudo ir durante el día de los muertos. El akaatompo que dura hasta el 3 de noviembre se le denomina: Cotiza. Es como recoger el repele.

Akaatompo de los niños

Para el pueblo kari`ña, los niños y los ancianos (abuelos-abuelas) tienen un significado trascendental dentro del contexto social de la familia. El niño es la luz que ilumina el futuro desde los cristales  más puros de la inocencia y el anciano con los aportes de su sabiduría  es el reflejo que irradia esa luz para que la cultura no se pierda. El niño limpia los conocimientos. Los abuelos son los encargados de transmitir los conocimientos. Los abuelos muertos, durante la celebración del akaatompo, merodean los alrededores. Son los cocuyos.

Como tal,  los niños que mueren no se van, y aunque no se les llama ángeles como en la religión católica, quedan presentes en el pajarito que vuela en las ramas, en la florcita del clavel de pozo, en el agua clarita del río, en la mariposita del morichal, en el pollito que pía en el patio y en los demás niños que juegan y viven para soñar. Simbología cosmogónica.

El 1º de noviembre se celebra el akaatompo de los niños, los niños fallecidos, día que los docentes kari`ña aprovechan para inculcar los valores de su cultura a los escolares, realizando actos dentro de un trabajo didáctico en las instituciones educativas, con una recreación similar a la de los adultos, pero en menor espacio y se prohíbe el consumo de bebidas alcohólicas y, por supuesto, las letras del canto de los mare mare son dirigidas al mundo de la infancia. Los niños salen también a recorrer las casas.  

Otros rituales fúnebres kari`ña

Existen dos rituales fúnebres kari`ña, que no tienen la misma trascendencia del akaatompo, pero fundamentales para esta cultura: El boomaankano (toma de luto) y el beepekootono (corte de pelo o quite de luto). El boomaankano también se conoce como llora, se realiza a los siete días después de la muerte de una persona. Se asume llevar el duelo en honor y respeto a la memoria del fallecido o fallecida. Se efectúa  en la casa de la familia. Los familiares que van a ser portadores del luto reciben un baño para limpiar el espíritu y tener fortaleza para cumplir todas las restricciones que impone el duelo. Al agua para el baño se le suele agregar piedras lisas y trozos de cardón. Esto con el fin de purificarla. La ceremonia igualmente una fiesta.

En esta ceremonia se recuerda todo lo referente a la persona muerta. Su vida, personalidad, logros. Es una actividad que reúne a todo el pueblo y por lo común, se realiza de noche. Se toca y canta el mare mare conocido como sheññorijsha, que es cantado por la persona más antigua de la comunidad. Algún sabio.

El beepekootono, se celebra al cabo de un año. La familia  que tomó el luto, vuelve de nuevo a reunir al pueblo, esta vez para celebrar la salida del rigor del duelo que con orgullo llevó por su ser o seres queridos durante el lapso previsto. Ha cumplido con honor.

Durante este ritual, se brinda a los presentes con kashiro o bebidas alcohólicas, refrescos y comida. Aproximada la medianoche se comienza con la ceremonia de corte de pelo o pollina, que simboliza que la persona o personas dejan de llevar luto. La alegría trasciende del núcleo familiar hacia el colectivo como onda expansiva. Se hace fiesta.

(El presente trabajo lo realicé sobre la base de constantes conversaciones con el docente kari´ña José Del Valle Ávila, ya fallecido, quien residió en la población indígena de Tascabaña).