Adrián Jaramillo: Del verso relancino al pasaje sabanero

Carlos San Diego

Hay cultores de la música llanera que pecan de pedancia. Hablan de humildad y la confunden con pobreza. Cantan lo que siente, pero dicen lo que no es. Cuestión de egos. Mala administración de la fama. Caprichos humanos. Así gira el mundo.

Como hay ese tipo de conductas, también hay, sobre todo, un inmenso número de jóvenes, cantantes, músicos y compositores con una alta calidad en su talento y una honda preocupación por la estética en el arte que cultivan, que los hace una generación distinta: Humana, armónica y más segura de sí misma en la música llanera. Una generación que destaca por su sencillez. Ponen todo su valor a la hora de demostrar lo que hacen. Es una condición. Saben que son artistas, pero también son gente común y corriente. Relevo interesante. La echonería no monta a su caballo.

En perspectiva   

En esta perspectiva de nueva generación se anota Adrián Jaramillo, contrapunteador, cantante, compositor y músico.   Nació el 22 de abril de 1989 en Las Mercedes del Llano, estado Guárico. Entre los partos de Crisálida Jaramillo como fruto del largo amor que ha tenido con Domingo Vargas, Adrián es el quinto de nueve hermanos. Nació cuando en las sabanas, más allá, al sur de Chaguaramas, se aprestan para recibir la floración de los lirios blancos. Inspiración y perfume que regala la tierra.

El entorno geográfico, la manifestación de las costumbres y su disposición natural, perfilaron en Adrián Jaramillo, desde niño su identidad de hombre llanero, de trato llano y de voluntad entusiasta. Así comenzó a formarse. Los sueños se le caían del chinchorro cada vez que se imaginaba cantando en una tarima. Más adelantico el destino lo esperaba.  

Canto y contrapunteo

Diez años de edad tenía cuando acompañándose con un cuatro comenzó a cantar en la escuela durante los programas de fechas conmemorativas. A los 16 años, participó en el festival Voz Liceísta de su pueblo natal. Compitió en el género de voz recia. No le resultó. Reconociendo sus cualidades, al año siguiente participa de nuevo. Esta vez en el renglón de contrapunteo. La suerte fue distinta. El verso improvisado le rindió tanto que comenzó a desandarlo, rima a rima, festival tras festival por todo el país y las llanuras de Colombia. Fue el nacimiento de una nueva figura del canto contrapunteado. Cuestión nada fácil.

Citas como Panoja de Oro, Palma de Oro, Panare de Oro, Llanero de Oro, Zuata de Oro, El Campeón de Campeones, General Pedro Zaraza, Samán de Oro, Santa Ana de Oro, en Venezuela, le concedieron las credenciales necesarias de coplero relancino. Con el verso a flor de labios cruzó fronteras.

En Colombia saben de su “matralla” de  hombre de retos al pie del arpa. Los festivales Yurupari de Oro,  Chigüire de Oro,  Topocho de Oro,  Aruco de Oro y Torneo Internacional del Joropo, guardan su nombre. Además, en el 2017 se presentó con arpa, cuatro, maracas y bajo en Aruba, dentro de esa expansión que vive la música llanera en latitudes a donde nunca antes llegó. El arte no tiene límites.

 

Remembrazas

El contrapunteador es como el atleta. Es una disciplina demasiado exigente. Requiere de mucha energía; de mucha testosterona. Aunque las facultades y la intención permanezcan a lo largo de la vida, con  la edad disminuye la pasión, la entrega, el ímpetu arrollador de la competencia. Son etapas del oficio.

Un tanto atendiendo a estas disposiciones involuntarias del organismo humano y sabiéndose, también poseedor de una voz melodiosa para interpretar el pasaje sabanero, Adrián Jaramillo, en el año 2014 probó suerte en el mundo discográfico con el lanzamiento de su primer álbum musical “Remembranzas de un llanero”. Para la grabación contó con el acompañamiento del maestro Jesús Tenepe en el arpa, Rolando Díaz en el cuatro, Yanni Díaz en las maracas y Yorgin Loreto en el bajo. Un ejército que hace impecable la melodía.

En este material discográfico, Jaramillo registra canciones de reconocidos autores como Freddy Pantoja, Oswaldo Morales, Leonardo Requena y también incluye piezas escritas por él. Suficiente pertrecho como para no fallar el tiro al éxito.

 

Se abren nuevas puertas

El disco le abrió una serie de puertas distintas a las de los festivales. Ya no es la competencia. Ya no es ver en el escenario a los demás cantantes en condición de rivales. Ahora es subir al escenario para compartir el propósito de contagiar de alegría y complacer al público. La adrenalina fluye, pero sin golpear, sin tratar de doblegar a quienes se tienen al frente. Ahora, la función es ganarse los aplausos. En eso anda Adrián Jaramillo, aunque como bien se dice, el llanero es del tamaño del compromiso que se le presente, si sale el contrapunteo, se planta y carea su gallo. Nadie le quita lo que Dios le ha dado.

En el andar y desandar del canto, la receptividad del público y la popularidad que va ganando, le han permitido ser contratado para cantar en eventos en los que también participan artistas de la talla de Reynaldo Armas, Francisco Montoya, Luis Silva, Vitico Castillo, Jorge Guerrero, Armando Martínez, Cruz Tenepe, Teo Galíndez y el ya desaparecido Julio Pantoja; eso por nombrar algunos. La luz de su estrella apenas despunta.  

En promoción

De la mano de la empresa Producciones Los Caciques, Jaramillo, promociona el pasaje sabanero “Por ti vivo soñando”, de la autoría de Freddy Pantoja. Una manifestación de amor, como aquellas viejas vivencias sucedidas en el llano. Esas cosas que a veces hacen que se viva más de la ilusión que de la realidad. La vida no deja de ser una quimera.

Su innegable idoneidad, sus ganas de llegar y su humildad, condiciones propias de esa nueva generación de cultores, de mantener el perfil que hasta ahora proyecta, este guariqueño, está llamado a escribir páginas dignas dentro de la música llanera.