Vergüenza y estigma: Los grandes responsables del diagnóstico tardío del cáncer de testículo

MADRID. El jefe del Servicio de Urología de MD Anderson Cancer Center Madrid, Carlos Núñez, uno de los mayores expertos en España en el tratamiento de los tumores genitourinarios, ha apuntado a la vergüenza y al estigma como los grandes responsables del diagnóstico tardío habitual en los casos de cáncer de testículo, que se presenta principalmente entre los 15 y los 30 años.

Para el especialista, precisamente ese factor de juventud en el que predomina este tumor es uno de los principales motivos por los que, incluso casos fácilmente controlables, se complican hasta llegar al límite de perder el testículo o, en casos muy concretos, la fertilidad. "Se da en una etapa de la vida del hombre en la que la vergüenza por acudir a la consulta del urólogo se multiplica", explica Núñez.

Esa vergüenza es, para el experto, "uno de los grandes problemas". "Nos vienen chicos de 15 o 16 años con unas masas testiculares enormes. Hay que concienciar a los chicos de que, si notan un bulto en el testículo, vayan al médico y lo digan a sus padres. No pasa nada, no es nada estigmatizante", reivindica Núñez. En casos poco frecuentes, la situación de ocultación por vergüenza lleva hasta testículos de "20 centímetros de diámetro", ya que los jóvenes dejan pasar el tiempo ante el estigma que supone.

Fruto de este problema se produce el principal impedimento: el diagnóstico tardío. Y es que, como recuerda Núñez, se trata de un tumor "no muy frecuente", con apenas unos 800 casos al año en España, hasta seis por cada 100.000 habitantes, fundamentalmente en los jóvenes por los cambios hormonales de esa etapa de la vida y la mayor actividad espermatogénica. En Colombia, según cifras del Instituto Nacional de Cancerología, se registran 507 casos al año.

Y además, no es muy mortal: la supervivencia en diagnóstico precoz es "casi un cien por cien" y en torno al 80-90 por ciento cuando hay metástasis. "Ese porcentaje sería magnífico en cualquier tipo de tumores, pero estamos hablando de cánceres en personas jóvenes, por lo tanto no debemos perder ese diez o quince por ciento de diferencia. No es admisible en personas jóvenes", zanja.

"La realidad es que el abordaje y tratamiento de este tumor se complica debido precisamente a la vergüenza que impide a un chico de esa edad acudir a la consulta del urólogo. De ahí que el problema del cáncer de testículo sea más una cuestión de diagnóstico tardío que de abordaje y tratamiento de la enfermedad", resume al respecto el experto del MD Anderson Cancer Center Madrid.

Prevenir, mejor que curar

Por eso, ante la palpación de un bulto en el testículo, considera "fundamental" acudir a la consulta del urólogo, que con unas sencillas pruebas será capaz de realizar un diagnóstico certero. En la mayoría de las ocasiones, apunta que este bulto será un quiste benigno o una hidrocele (acumulación de líquido en el testículo) pero, en un porcentaje de casos, puede ser un cáncer de testículo que, pillado a tiempo, "es tratable". (Ver: El cáncer de mama no tiene género)

"Si el paciente tiene antecedentes de haber sido operado en la infancia de un testículo en ascensor o un testículo oculto (criptorquidia) debe hacerse autoexploraciones periódicas para detectar cualquier nódulo e inmediatamente acudir al urólogo, porque un antecedente de testículo oculto tiene un evidente aumento de probabilidad de tumor", añade el experto.

Vivir con un testículo

Dentro de los tratamientos contemplados se encuentra la extirpación del testículo, una intervención que, recuerda Carlos Núñez, lejos de la creencia popular, "no afecta de ninguna forma a la vida sexual". "La erección se mantiene. La testosterona no actúa directamente en la erección, sino que actúa en el deseo sexual. La erección es que la escopeta esté en buen estado, y la testosterona es que usted quiera disparar o no", metaforiza. (Ver: ¿Se puede desarrollar una erección sin tener testículos?)

En cuanto a la fertilidad, sí podría afectar en determinados casos, pero existen programas de preservación de semen para intentar favorecer que el paciente no tenga que renunciar a tener hijos en un futuro. "Hay un poco de desconocimiento. La gente piensa que si te quitan el testículo vas a ser impotente, que vas a ser menos hombre. El valor de una persona no se mide por el nivel de su testosterona ni por el número de sus testículos. Con un testículo, tanto la vida hormonal como la fertilidad puede ser completamente normal", defiende el experto.

Además, señala que en el caso de extirpación de un testículo existe la posibilidad de insertar una prótesis en el lugar del testículo extirpado, de modo que la falta sea "imperceptible". "Depende de la edad. En adolescentes, es casi obligado plantearle la prótesis, pero con mayores de 30 rara vez se deciden a ponérsela. Esta prótesis testicular externamente parece un testículo normal. Se puede hacer en la cirugía de la extirpación o posteriormente", argumenta.

Fuente: El Espectador.