Chuíto Maita: Los cantares de José Romero, catire Carpio y Nelson Morales

Carlos San Diego

Tira uno la vista hacia las sabanas del sur como quien busca en el pensamiento de luz que baña de plata entre el cielo y el agua el lomo del Orinoco.  Es más allaíta de Boca del Pao, en el extremo del estado Anzoátegui.  Como en un tropel de la infancia, las remembranzas recorren esas vías, que veces tanto desconocemos, pero que ellas jamás nos olvidan, por estar llenas de chaparrales, mereyes y pájaros que acompañan toda la vida uno, toda la vida de quien sabe que la Mesa de Guanipa es una de las tierras más bellas del mundo.  Así sea maltratada, es al mismo tiempo más íntima, más sublime y más nuestra, como la poesía diaria de los copleros. Ella es paisaje humano.  

Después de pasar un tiempo espantando esos pájaros insistentes que quieren estropear lo que se riega con sudor y se siembra con esfuerzo en las tierras de la esperanza, después de sacudir esos grillos que dejan las lluvias en la puerta y colgar una soga del garabato de los llaneros en el alero de la casa, dejando que el cansancio se asuste de tanta alegría, encontramos a Chuíto Maita, punteando un cuatro, no precisamente en las carreteras de Boca del Pao, ni Múcura ni en Puente Chori de El Caris, pero sí a la sombra del almendrón de la calle Ribas, en el Casco Viejo de El Tigre, sentado sobre la antigua pila de agua, sacándole notas al traste, para enamorar la virtudes milagrosas de la copla, la estructura del canto del llanero. Herencia inagotable.

Y en este caso, Maita recurre, en un acto de pervivencia de los pioneros de la grabación de la música llanera en Venezuela. Es un gesto de respeto y admiración por los viejos cultores de la canción llanera, sin importar que la muerte nos haya arrebato su presencia física. El arte no tiene fin.  

Mientras más afinaba el cuatro, más nos iba acercado a aquellos cantantes legendarios, jerarcas, no por la imposición, sino por la humildad y condición con que asumieron su trabajo, el que más que una profesión fue una misión contra todas las barreras e indiferencias  que debieron tropezar para seguir adelante y alcanzar sitiales, sobre los que siempre pensaron que debían dar más en la infatigable tarea de hacer trascender el folklore llanero. Vivieron para hacer lo creían debían hacer. Héroes de su oficio.

Estamos hablando entonces del maestro José Romero Bello, de Arichuna, estado Apure; de Nelson Morales “el ruiseñor de Atamaica”, de San Rafael de Atamaica, estado Apure y de José “catire” Capio, de Altagracia de Orituco, estado Guárico, a quienes con algunas de sus canciones más renombradas, Chuíto Maita, tributa honor en su trabajo discográfico que titula “Recordando a los grandes”, que salió al mercado con el respaldo del sello Freddy Arévalo Producciones. Es un gran compromiso.   

Acompañado de los arreglos musicales y ejecución del arpa, de Eudes Álvarez, con Elio Álvarez, en el cuatro y Julio Álvarez, en las maracas y el bajo, Chuíto Maita, reúne en éste, su tercer álbum discográfico independiente (también ha sido incluido en dos disco colectivos) piezas que fueron éxitos en la voz de estos tres vergatarios de la canción llanera, trayendo a la memoria un cúmulo de recuerdos y albricias para la añoranza saludable del viento que nos refresca dulces notas de otros tiempos, sentados en la barranca del paso real de la memoria. Recordar a veces es una bendición.

“Bonguero del río Guanare” de Nelson Morales y Juan Briceño; “Contemplando mi tristeza” de Miguel Tovar; “Romance de un cacique” de Nelson Morales y Franklin Carpio y “El caballo del escudo” de José Alí Moleiro, son los temas que “el ruiseñor de Atamaica”, hizo parte de su vida y que Chuíto Maita revive. “Consejo de padre” de “catire” Carpio; “Mi llano es un paraíso” de Augusto Bracca, “Recuerdos de El Tigre viejo” de “catire” Carpio,  que dejó estampados en su historia personal este destacado hijo de Altagracia de Orituco, nos permite reencontrarlo en voz de Chuíto Maita. Mientras que al recuerdo del inmortal Romero Bello, nos conduce a través de los números: “Corrío”, de José Romero Bello, “Arauca”, de José Romero Bello, “Palma sola” de José Romero Bello y Cosme Pérez, “Catira Rosa María” de José Romero Bello y “Sabanas de Cunaviche” de José “catire” Carpio y José Romero Bello. Un catálogo perfecto.

  Chuíto Maita, nació en El Tigre, estado Anzoátegui. Cantautor, antes de “Recordando a los grandes”, ha grabado “Llamaradas de amor” y “Tierra grande y generosa”, ambos acompañados del conjunto Jagüey del desaparecido  maestro Gustavo Sánchez. También ha participado en la grabación de los discos “El Cd de oro de El Tigre para Venezuela” y un álbum de colección del sello LQ Discos Records. Marcas de una trayectoria.

El actual es un disco que además de remover los ancestros, nos permite la vigencia de encontrarnos, en la plenitud de estas sabanas del sur de Anzoátegui, con Romero Bello, Nelson Morales y “catire” Carpio, sin necesidad, todavía, de subir al cielo.  Basta el paso que dejaron estos grandes.

No fue nada fácil escoger, de entre tanto material de calidad, sólo estas piezas de estos tres inmortales del canto llanero. Tuvo “Chuíto” Maita, que ponerle mucha seriedad a su propia intuición y tomar la presente selección, donde el único tema que escogió sin mucho esfuerzos fue “Recuerdos de El Tigre viejo”, que hizo “catire” Carpio, evocando a El Tigre de los años 50. Quizás una de las primeras canciones grabadas que dedicó a esta ciudad. Memorias de aquel tiempo.