Luis Beltrán Rincones: El Tigre con sabor a joropo

Carlos San Diego

Siempre he asociado a la Mesa de Guanipa con el trino de una paraulata. Esa ave de mágica melodía parece ser la misma epifanía de los ancestros, la música del bereekushi de los abuelos de estas tierras donde todavía con el viento hablan, cuando pasa silbando por la sabana bajo la luna clara del mes de enero. Paisaje y poesía.

En Guanipa el canto de la paraulata no tiene hora para despertarnos el espíritu: En la madrugada, en la mañana, al mediodía, en la tarde, en la noche, en la medianoche. Siempre está por ahí. Suelta su canto de múltiples registros como campana milagrosa. Prodiga voz de bendición a nuestros oídos. Su canto también puede influir en nuestra actitud de ánimo, sea de alegría, tristeza, reflexión y hasta de ensimismamiento.  Desde la rama de alcornoque, desde el copo del chaparro, adentro del mastrantal, en la cuerda de alambre, en la cabeza del estante, en la guaya o poste del alumbrado público, en el patio de la casa, nos dice que la vida siempre merece un canto bonito. Y un canto bonito es vida.

El arrullo del campo

De eso, del trino de las paraulatas sabe el cantautor llanero Luis Beltrán Rincones. Nació en El Tigre, estado Anzoátegui, el 1º de marzo de 1979. A los dos años de edad, andaba con su padre, Beltrán Rincones atravesando caminos en medio de la sabana para llegar hasta los fundos Santa Clara y Altamira en las sabanas de la Mesa de Guanipa.  El canto de las paraulatas y de los otros pájaros,  fueron en su niñez como arrullo de cuna a la par de las tareas de atención al ganado en los corrales, a los caballos en los potreros, de las siembras en los arados y en medio de esas otras aves fieras de agudo canto,  como lo son los gallos de riña que cría su padre para desafíos en cualquier ciudad del país. Alborada cantarina.

Las andanzas por el campo, el cumplimiento de las faenas y la enseñanza de algunas normas de buena costumbre, desarrollaron en Luis Beltrán Rincones, el amor por la naturaleza, que más tarde se haría copla, escritura de verso y canción a los cuatro vientos, como suelta al infinito su melodía la paraulata. E himno de las sabanas.      

Así comprendió su don y capacidad para ser cantante,  artista defensor de las tradiciones de la identidad venezolana. El joropo por testimonio.

Manos amigas

Esa condición de artista, obra y gracia de la naturaleza, como las siembras en el campo, requiere de dedicación y manos amigas que lo cultiven y ayuden a desarrollar para obtener buena cosecha. Para ello, Luis Beltrán Rincones ha recibido apoyo de mucha gente. Se siente agradecido y es admirador  de Reynaldo Armas, Teo Galíndez, cantantes de inobjetable trayectoria. Marca mayor.

 

Canciones para toda la vida

Los festivales infantiles y pueblerinos en los que logró algunos primeros, segundos lugares y a veces nada, atrajeron su atención hasta los doce años de edad. Época en la que comienza a escribir las primeras canciones. Todavía lo hace. Cree que tiene más de cien y si Dios quiere debe pasar toda la vida escribiendo canciones. De las que escribió cuando niño grabó en su primer disco una titulada “De nada valió la pena”. Versos y melodía.  

Luego de los festivales, con esa espinita que queda punzando en las fibras de la inquietud, y en plena efervescencia juvenil, confiesa que al ver a los grandes intérpretes en la tarima, la imaginación lleva a pesar que ese artista que está en la tarima y está sonando en la radio, puedes ser tú.  Pero para llegar a allí, hay que hacer grandes esfuerzos, uno de ellos puede ser grabar un disco que guste al público. Y después que se graba el primer trabajo discográfico queda el entusiasmo. Se hace profesión.

Guayabo salvaje

Su primera participación en la grabación de un disco fue en 1997, junto a otros artistas de la Mesa de Guanipa en el “Disco de oro de El Tigre para Venezuela”,  patrocinado por la alcaldía de El Tigre, en 1997. Allí grabó el pasaje “Guayabo salvaje” de Jorge Guerrero, acompañado del grupo de Bernardo “lapo” Ledezma. Esta primera experiencia gozó de mucha aceptación. Fue uno de los éxitos de ese disco.

“Eso me hizo entender que una vez que pisas un estudio de grabación no es tan difícil. Es un esfuerzo. Lo puedes hacer una y mil veces. Más si las canciones gustan”, comenta. Se forja la trayectoria.

La extravagante princesa

Vino su primer disco “Amor es miedo”. Canciones como “Extravagante princesa”, “Amor es miedo”, “Luna apureña” y “De nada valió la pena”, sumaron aceptación a su joven carrera artística. Entre los autores que registra esta placa están Andrés García, “el papelón de El Chaparro”, Osliber Rincones, José Perdomo y el mismo Luis Beltrán Rincones. Lo acompañaron las agrupaciones Génesis del maestro Roberto Rodríguez y la del apureño Elio Corona. Buena cuerda.

Alrededor de cinco años pasó acumulando experiencia. Se dejó fraguar la aceptación del público; la familiarización con temas como “Extravagante princesa” que lo convirtieron hasta en un repique para telefonía móvil. Se trató de llevar el disco a todas partes. No se logró totalmente, pero se avanzó bastante. Fue un comienzo firme.  

Excelente cuadro musical

Este tiempo le dio madurez, solidez y nuevas estrategias para presentar su segundo disco “Quiero una novia”, que se recién estrena. Todas las letras de las canciones son suyas. Le permiten hablar del amor como “Mi último resto”; del guayabo como “Igual a las otras”; del despecho como “Hablándole al corazón”; de detalles para la mujer como “Dame 24 horas”; de la fe en la familia como “Quiero una novia” que es un pasaje estilizado y promocional del disco. El sentir profundo por la tierra en el recio seis por derecho  “Oriental de pura cepa” y la reflexión en “Mi cuatro y yo dibujamos”, para conformar un cuadro musical interesante y atractivo al desplegar algunas de las canciones de este excelente álbum en el que se trajina llano desde los horizontes de la Mesa de Guanipa, hacia cualquier otra latitud sin ningún desperdicio, limpio como el trino de la paraulata. Obra pulcra.

 El acompañamiento musical lo ejecutan en el arpa Jesús Rodríguez y el desaparecido Gustavo Sánchez; en el cuatro Bernardo “nano” Ledezma, ahora también cantante de éxito; y Ramón Mota; en las maracas Ernesto Laya y Oswaldo Escalona y en el bajo Pedro Rodríguez y Gailabi Jiménez. La producción ejecutiva fue realizada por Luis Quinto y Álvaro Tovar, a cargo de las casas disqueras LQ Discos y Foca Records. Importante equipo.

Con la ayuda de Dios

Luis Beltrán Rincones es abogado de profesión. También maneja sus propios negocios. Cantando música llanera piensa llegar hasta donde Dios le ayude y con su esfuerzo tratará de que sea bien lejos, hasta hacerse inmensidad, galopando sobre ese orgullo  de ser un llanero oriental y de pura cepa. Como una cepa de chaparrillo.

La serenata del bohemio

Luis Beltrán Rincones es divorciado. Padre de una niña de cinco años. Dice que disfruta sanamente de la bohemia.  Como a todo llanero le gusta parrandear y amanecer, cuando se puede, en una ventana entregando una serenata. El amor y la copla no guardan distancia.