Sarahyt Colmenárez: La hija del gabán perdido

Carlos San Diego

Las noches en que aparece el Silbón  habían quedado atrás en el calendario. Las fiestas  de la cruz de mayo,  eran recuerdo reciente Sin embargo, los caminos aún estaban llenos de barro. Llovía. El mastrantal ya estaba en flor. Si apenas la falseta o el estribo de la montura del arriero, rozaban la hoja  del arbusto,  el ambiente se impregnaba de perfume silvestre. La energía sagrada que tiene el aroma del mastranto inundaba la vida. Leyenda, paisaje y pureza.

Fue en el mes más lluvioso del año en el que nació Sarahyt Colmanárez “la gabana de Payara”. Vino al mundo el 3 de agosto de 1985, en la ciudad de Araure, estado Portuguesa. Pero su madre, Maritza Ramonel de Colmanárez, sólo fue a Araure a parirla. Aún sin despegarse por primera vez de la teta de la mamá, fue llevada a la población de Payara, municipio Páez del mismo estado Portuguesa. Esta población se encuentra a diez minutos del parque Curpa, pueblito en el que nació el general José Antonio Páez, de quien según cuentan fue el primer coleador de Venezuela y el primer coplero que acompañado de una bandola se sobraba en la improvisación de una periquera. La guerra de independencia se hizo con muchas batallas; pero también con muchas parrandas. Detrás de la crudeza está el jolgorio.

La voz de la madre

Las emisoras de radio, mientras crecía, le permitieron disfrutar de la música llanera. Pero en su casa había algo más poderoso que las ondas hertzianas, para determinar su amor por esta música. Doña Maritza cantaba. Diferentes escenarios de Araure y Acarigua conocieron su voz. Llegó a ganar tres festivales como intérprete llanera. Cualidades que se multiplicaron en su hija.

De los números al canto

Hay profesores que tienen la virtud de delatar cualidades en sus estudiantes. Se lo hacen saber y los impulsan a manifestarlo. Así le ocurrió Sarahyt Colmenárez. No fue su profesor de arte o lenguaje quien en ella las observó. Fue el de Matemáticas. Más que ser una buena estudiante, él vio que ella tenía dotes para el canto y la actuación. Participó en diferentes eventos culturales en el ámbito escolar. Eso le permitió ganar aceptación dentro del público. Vencimiento del miedo escénico.

Contraste

Tenía 20 años de edad, cuando su amigo Juan Bautista Rodríguez, la invita a grabar un contrapunteo llanero. Esta grabación le permitió hacer presentaciones en algunos eventos. Dejó buena impresión en quienes vieron sus actuaciones. Despertar de la vocación.

No obstante, quienes pensaron que Sarahyt continuaría en los escenarios, se equivocaron. Ella optó por  atender a su familia y dedicarse a su profesión de optometrista. Pero la pasión por el canto fluía en ella como el vuelo de una garza sobre el horizonte. Iba por dentro. 

Esa pasión se reafirmó aún más, cuando le tocó vivir lo que considera “un capítulo triste de su vida”. Su hermano mayor convalecía con una enfermedad terminal. Ella, al pie de la cama en el hospital en Caracas, para aliviarle el dolor y fortalecer su ánimo, le cantaba algunos pasajes llaneros. Allí, prometieron que si él sanaba, le ayudaría a grabar un disco con las canciones que cantaba su madre cuando eran niños y ellos recordaban. Si las circunstancias eran adversas, ella continuaría, en honor a la memoria de su sangre, con el sueño de realizar la producción musical, tal como se lo habían propuesto. Pacto entre hermanos. 

Renovadas fuerzas

Su hermano no sobrevivió a la terrible enfermedad. Vino el duelo. Sentimientos encontrados. Sin embargo, transcurrido el tiempo, del duelo, parece que brotaron renovadas fuerzas. Sarahyt Colmenárez, se dispuso y subió de nuevo a los escenarios. La ciudad de Acarigua fue testigo de su regreso. Contó con el apoyo de su amiga y también cantante portugueseña Jeannette Osal. Interpretaron juntas una versión llanera de la canción “Cosas del amor” de la autoría de Roberto Livi y popularizada por Ana Gabriel. La receptividad no se hizo esperar. Fue tanta, como para convencerla a mantener su presencia en las tarimas.  Es parte de su vida.

Palabra de llanera 

Incursionó otra vez en el mundo del disco. Grabó una canción a dúo con Juan Bautista Rodríguez. Se trata de “Deje que vuelva”, de su autoría. Así sorprende a quienes comienzan a seguirla como compositora, además de cantante.  Virtud creativa.

En atención a la promesa que hizo en vida a su hermano, graba tres canciones promocionales con la dirección musical del maestro bajista Everth Rodríguez. El trabajo fue ejecutado con Orángel Herrera en el arpa; Leiverth Rodríguez en el cuatro y Owar Pérez en las maracas. Así, se muestra al público con un trabajo titulado  "Promesa cumplida" dedicado a mamá y su hermano. Palabra de honor.

Más que recuerdos

Esos promocionales fueron popularizados en la década de los años 80 por Reyna Lucero, que a su vez eran las canciones que cantaba la mamá de Sarahyt Colmenárez, Maritza Ramonel, cuando joven. “Déjame pensar en ti”, de autor desconocido; “Arrullo de amor” de Antonio Heredia y “El gabán perdido” con letra de Rafael Martínez “el cazador novato”  y música de Ignacio “indio” Figueredo. Esta pieza, debido a la popularidad que le ha ganado, sirvió para que el público la bautizara como “la gabana de Payara”, por la canción y por el pueblo en el que se crió. Bautizo artístico. Es la hija del gabán perdido.    

Con estas canciones y otras como “Un pasaje para ti” de Humberto Salas “El tigre de Guayabal”, y “Hablemos claro” de Antonio Ortega, esta portugueseña ha sonado en diferentes radioemisoras del país, también en medios electrónicos de Colombia a través de la Red Mundial del Folklore en los Estados Unidos. Canto sin fronteras. 

“A lo hecho pecho”

Para darle continuidad a su trayectoria en el formato discográfico, Sarahyt Colmenárez, promociona la canción “A lo hecho pecho”, escrita por Ibsen Rodríguez. La aceptación no se ha hecho esperar. Suena en radio. Suena en redes sociales y plataformas digitales. Y también se multiplican los aplausos en cada una de sus actuaciones públicas. Es una gabana que no la detienen esteros ni caños revueltos. Así como asume sus hechos, igual, los límites no existen para su canto. Su voz vuela. Vuela, no como el destino de un gabán perdido, sino con esa serenidad que le da sentido a la belleza de los sentimientos más puros del llano cuando los caminos huelen a mastranto. Florecen las caobas en la tierra del Silbón.