Como “palito de romero” buscan los anaquenses el dinero en efectivo

Ronald R. Rodríguez Barrios /ECS

ANACO. Como un déjà vu definen los anaquenses la situación que están reviviendo con respecto a la desaparición del dinero en efectivo. “Es como una pesadilla perpetua”, calificó Sandra Ríos el hecho de tener que volver a pasar por el trauma de levantarse de madrugada en busca del papel moneda.

Esta ama de casa se ha visto obligada a recuperar la rutina de salir del hogar a las 10:00 de la noche y pernoctar frente a las sedes de las entidades bancarias, pese al miedo de ser víctima de la delincuencia, a fin de procurarse con billetes que le permitan comprar un poco menos caro.

“Llegó enero y trajo todos los problemas que habíamos superado con el bolívar soberano”, aseveró la mujer que revela que el aberrante fenómeno de la duplicidad de precios está presente, otra vez, en todos los negocios de la ciudad de Anaco, localizada al centro del estado Anzoátegui.

A la denuncia de Ríos se suman Angelina Ferrer y Rafael Carrasquero. Para Ferrer era “previsible” que el dinero desapareciera porque “la corrupción se ha vuelto generalizada gracias a que el Gobierno ha democratizado esta práctica”.

Sentencia la jubilada que “la impunidad, la complicidad y la falta de actuación” de los cuerpos policiales, militares, de la alcaldía, de los protectores del pueblo, de los partidos políticos y de la Superintendencia para la Defensa de los Derechos Económicos (Sundee) “es premeditada”.

En tanto que Carrasquero, contratista del ramo de la construcción, señaló que mientras no haya “castigo” para la conducta que él tacha de “delictiva”, el escenario se retrotraerá hasta el momento en que se hacía largas colas en los bancos para retirar mil bolívares diarios y en billetes que nadie acepta.

Prefiere Ríos retar a los malandros de noche para hacerse con los papeles que comprarlo o pagar precios más elevados cuando le toca pagar usando medios electrónicos.

Los tres personajes se atrevieron a “reclamar responsabilidad y honor” a las personas que tienen la responsabilidad de proteger al pueblo de los desmanes de las mafias que especulan con los precios de los alimentos y las medicinas. “Ni unos ni otros merecen el perdón de Dios”, apostillaron.