Wilmer González: Entre cardenal y arrendajo

Carlos San Diego

En Carora quedó enterrado el cordón umbilical del poeta Luis Alberto Crespo. Uno de los hombres que más ama al llano. La sola mención de su nombre es divisar en la distancia un caballo parado sobre un paño de horizonte quemado. La Trinidad del Arauca; el Cristo de la sabana, hacen sagrada su poesía. Fomentan el pito del gavilán candelero en las chamizas de un masaguaro que muestra su esqueleto contando nubes a orillas de la laguna. Es que parece que Carora, ese pueblo culto del estado Lara; esa tierra roja, esa tierra roja y seca, tiene una conexión tectónica con el llano. A los caroreños no sólo los asustan los espantos como a los viajeros en los confines solitarios en las noches oscuras del suelo plano; en el camino de Carora, dicen que está el diablo amarrado y le pregunta a quien lo ve, que cuándo lo soltarán. Es un diablo viejo, semejante al bambarito que, según las leyendas, envuelto en misterios les sale al paso a los llaneros. Vaya, usted a saber.

Otro caroreño

En Carora nació también Wilmer González. Eso fue el 1º de febrero de 1981. Es el segundo de los cuatro hijos de Carmen de González y Domingo González, quienes le dieron como sitio de crianza, la población de La Pastora, en el mismo estado Lara. Su padre le afinó la vena musical.

Raíz en casa

El viejo Domingo González es músico de fama en la región centro occidental de Venezuela. Es cuatrista y director de una agrupación de música llanera. Además de Wilmer, dos de sus cuatro hijos, también cantan. Tuvieron oportunidad de participar en festivales de nivel escolar. La casa fue la mejor siembra.

En la Guarnición   

Los estudios profesionales llevan a Wilmer González a ser miembro de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). Entonces, desde 1999, formó parte en el plano de cantante de un grupo de música llanera en la Guarnición de Ramo Verde en Caracas. Gana experiencia.

En el año 2001, regresó a la población de La Pastora. Cantó en fiestas. Pulió su arte. El canto de la música llanera se convierte en su modo de vida. Un reto para todo artista: vivir de su arte.

Tanteando el terreno

Como dice la letra que interpreta el apureño Antonio Castillo, el llano lo llama. En el año 2004, se fue a las fiestas de Elorza, estado Apure, el 19 de marzo. Como no estaba en programa ninguna actuación suya, consagrado a la humildad, cantó en los quioscos, en La Solapa del Patrullero y en cualquier lugar en que se encontraba un arpa, ejecutada bien, por Sandalio “el pataruco” o Elio Corona, por mencionar a dos arpistas de esa tierra. Fue a cantar y cantó más que una chicharra.

En el Alto Apure

Desde esa primera vez, se hizo tradición su visita a las fiestas de Elorza. En el año 2017, decide quedarse en el llano. Se radica en el Alto Apure, en la población de Guasdualito. Se familiariza con artistas, cantantes, músicos, poetas y compositores auténticos. Hace presentaciones es distintos escenarios. Al mismo tiempo, comienza a recopilar algunas canciones, con la idea de conformar los insumos para grabar una propuesta discográfica. Entre estos autores, está el elorzano Tiberio Querales. Palabras mayores.  

Después de las fiestas

En el mes de abril de 2018, después de cantar en las fiestas de la localidad de Yopito, municipio Rómulo Gallegos del estado Apure, establece contacto con el maestro arpista Elio Corona. Oye los consejos del maestro, quien le sirve de director artístico para la grabación de su primera producción discográfica, precisamente con el acompañamiento del conjunto de Corona. Un ensamble de extraordinaria resonancia.

Las canciones seleccionadas para este primer proyecto, son obras de autores como Franklin Bracho, José Villegas, Tiberio Querales, Guillermo Segovia, José Qüenza, y el mismo Elio Corona. El disco se titula “Guayabo quédate quieto”. Es el nombre de la pieza promocional del disco. Fue escrita por Franklin Bracho, poeta oriundo de Elorza. Buen lazo para unir el alma musical del estado Lara con el alma llanera del Arauca vibrador. La constancia se encargará de contar su historia.

Voz y trinos

Entre la voz del hombre y el trino de los pájaros, hay infinidad de comparaciones. Wilmer González es de la tierra en la que predomina la imagen del cardenal. Pero se radicó en donde abunda el arrendajo. Está entre aves de precioso canto. Su melodía no puede ser menos. Su nombre, como trino en el cardonal, como trino en el paraguatán, deberá resonar más allá de  los escenarios. Entonces, que se haga su virtud.