Robert Pantoja tiene en su pecho un pedazo del llano guariqueño

Carlos San Diego

El poeta Ángel Eduardo Acevedo, aunque ha recorrido gran parte del mundo, ve en Garcita, el paraíso en la tierra. El cantautor Simón Díaz, le dedicó una hermosa tonada ese camino trillado que sólo lo detiene el río Orinoco. Es que Garcita es un caserío precioso, como lo es todo el paisaje del sur del estado Guárico. En sequía o con lluvia, tímida, como vuelo en la lejanía, Garcita encanta. Pasas por allí una vez y no lo olvidas más nunca. Un punto en el llano.

En Garcita nació el 8 de enero de 1979, en pleno mes de luna llena inmensa, Robert Pantojo, cantautor de la sabana. Hombre entregado a lo que la tierra da y a lo que el alma siente. Forja la prosperidad en su patio.

Hijo del viejo Félix Ceferino Pantoja, raíz de esa macolla pantojera, que de Las Mercedes del Llano, más allá, hacen que su voz compita con el territorio de los arrendajos. Su madre es Luzmilde Josefina Calzadas: una bendición de Dios para definir un amor eterno. Un Pantoja que no sea poeta; un Pantoja que no cante, deja dudas de su sangre. Esa es su insignia familiar.   

Crianza en hatos

Desde carajito, Robert Pantoja le metió el pecho a los trabajos de llano. En Médano e` Gómez, Las Vacas y El Dragal, las labores de becerrero lo estrenaron como trabajador de quesera. El paisaje y la necesidad de comunicarse con algo remoto en medio de la soledad y el silencio, y sabiendo de la buena historia musical que comenzaban a vivir algunos familiares, en el curso del tiempo, el canto y la composición embargaban y embargan todavía sus inquietudes. Las claras aguas del río Guariquito, aunque nunca se detienen, conocen de los albores de su voz y su pluma. La pasión desnuda sobre caminos polvorientos.  

El eco del monte

Esos primeros cantos de niño a sabana abierta, le permitían escuchar su propio eco cuando la palabra es devuelta por la franja de una costa de monte. Oía el rebote de la voz y le gustaba. A través del eco, trataba de corregir su canto. Con lo que había aprendido en los escenarios silvestres y con las ganas de salir adelante como cantautor, se animó, en plena adolescencia,  a participar en algunos festivales como el de la Voz Liceísta. No fue triunfador, pero la experiencia fue su mejor premio. Quiso sacarle más provecho a su reconocimiento. Nada mejor que el esfuerzo propio para lograrlo. La disposición no tiene precio.

Prueba de fuego  

En el año 2010, Robert Pantoja, graba su primer trabajo discográfico, "La campesina". Es una obra compuesta de 10 canciones. El público y los usuarios de las emisoras de radio, se identificaron con algunas de ellas, como “Llegaron las entradas de aguas”, “Tres meses sin volver al llano” y “La campesina”. Su estilo deja una esencia de llanura, costumbres y manifestaciones de amor. Credenciales inobjetables en los oficios del llanero.

Pantoja, además de sudar día a día en las faenas del llano, atendiendo sus propiedades, es ese hombre que no deja de usar sombrero y calzar alpargatas, distinción de esa dinastía que comenzó en los años 80 con los hermanos Pantoja. Es decir, Julio, Carlos, Fernando y todos los demás que se han regado como un silbido o como una cuerda afinada, por Venezuela, por el mundo. Su arte se ha multiplicado para bien.

“Cuando grabamos los videos de un DVD, donde se incluye la canción “Mi diamante romancero”, que acompaña a esta producción musical, además del canto y la proyección personal, quisimos mostrar la belleza de las sabanas del estado Guárico. Allí puede apreciarse el viejo corral de palma y una larga vaquería enyugada a los sentimientos más puros del llano. Amén, de la fauna y la flora de una región bendecida por la naturaleza”, confiesa Pantoja. Es una propuesta con sentido integral. El fin es ir creciendo.

Buena parte de su vida

Con una totuma rebosada de las emociones que le inspira su tierra, con la estampa de antiguo tranquero levantado en su pecho y con un chubasco cayendo en las riberas de su corazón, Robert Pantoja puso en su tercera producción musical, “Criollo, humilde y querendón”, una buena parte de su vida. En esta ocasión grabó 12 canciones. El joropo recio, contrapunteos y el auténtico pasaje sabanero, se manifiestan en este disco, con letras y música que hacen sentir esa sensación de que querer tener a toda la llanura, no sólo un instante, sino por siempre, en un abrazo, como si de la capacidad de la mirada se trata. El poeta hace gala de su entorno.

“Reflejando mis vivencias”, “Encantos llaneros”, “Camino real del recuerdo”, y “Dialogando de llanura”, que es un contrapunteo con Alexis Navarro, son parte del contenido de este material discográfico. Un cuaderno de cultura autóctona.

Reconocidos músicos trabajaron en esta grabación: Jesús “zancú”  Durán, Oscar Stelling, Alberto Melo, Yorbis Soler, Exequiel Pantoja, Carlos Enrique Rivero y Adelmar Paz. Cuerdas y capachos, unidos a la voz, suenan con gracia.

De vuelta

Lo más reciente de este guariqueño es “Volvió de nuevo Pantoja”.   Son 16 canciones de diferentes compositores. El disco lo respalda el sello discográfico Producciones 4 Filos Record, bajo la producción del director y productor Williams Pérez. Un equipo que corta por los cuatro cardinales.

“Volvió de nuevo Pantoja”, llega con 3 trabajos audiovisuales de los temas promocionales... Para atrás, espanta. El lucero de la mañana está al frente.

Apadrinamientos   

Robert Pantoja, en correspondencia a la humildad que le caracteriza, ha apadrinado producciones discográficas de nuevos cantantes. Ha grabado contrapunteos, además de Navarro, con Rafael Garrido, el negro Dionisio Garrido y Silvio Blanco Pantoja. Reside en Calabozo, estado Guárico, desde donde recorre cualquier rincón del país y de los llanos de Colombia, donde su nombre es reconocido. En las redes sociales y en el canal You Tube se puede localizar y ver parte de su trabajo. La satisface haber estado en el escenario de eventos junto a figuras como Jorge Guerrero, Reynaldo Armas, Julio Camacho, Francisco Montoya, Juan Farfán, José Figueredo y los hermanos Garrido. Pitío de padrotes en el paradero.

Senderos de Garcita

De Garcita a Calabozo, son “varias leguas de llano”. Pero la copla las recorre en un instante. La escritura de Robert Pantoja las lleva en la memoria, en el alma, en la capellada de la alpargata y en lo más limpio del corazón. No es para menos. Pues es grande en el espíritu de los poetas ese pedazo tierra. Mientras Pantoja lo evoca en su pasaje sentimental, allá, como desde el cielo, el viejo Simón Díaz, tararea: “¡Garcita…! ¡Garcita…! / Me voy camino a Garcita / donde están mis correderos”. ¡Ah llano, quién te cruzara para calmar la sed en el Orinoco!