Luis Ramón Rodríguez Mata:
Relato de lo que se vive a diario y se comenta en el barrio

A la entrada frontal, principal de la pastelería Chantily se encuentra muy de mañana siempre sentado, descalzo y sin camisa, con su pelo negro ensortijado por el sucio y de piel morena oscura, no sabemos s por naturaleza o por la acción del síndrome del mugre, por tanto acostarse en el suelo a “ring pelao” y no bañarse y el humo del smog del humo de los carros.

Es un hombre de mediana edad –todavía joven – de mirada desorbitada y profunda, observándoles el rostro a todo aquel que pueda darle de comer, bien sea un cachito, café con leche o marroncito. Y mientras pasan los minutos y la hora se acentúa, a su derredor ya tiene: Pan, sándwich, refrescos y de marca cigarrillos y vasos vacíos que muestran que se ha tomado más de un cafecito y ya bien comido, va a se acuesta en la acera del Banco del Caribe a reposar la siesta.

En esto, un día reciente, dos hombres vienen caminando y al verlo sonríen y le dice uno al otro: ¡Oye, Luis Ramón! ¿Cómo haría yo para preguntarle a este señor, cómo hizo para volverse loco? Porque a esta hora ya está desayunado y yo, yo que no lo soy, todavía no he comido un carajo.

¡No me – joras, “chuberto”!

Y siguieron su camino con su peladera a cuestas. Y el loco, muerto de la risa los veía acostado largo a largo a un la de la acera.

La come mangos de Guasimal

Por las calles del pueblo de Guasimal, estado Apure, se ve a una mujer pasar, es de pelo oscuro y ensortijado y de piel morena oscura, colgándole en una de sus manos un balde lleno de mangos, y entre esquina y esquina, conversa con amigos y conocidos, y mientras esto sucede, va comiendo mangos sin parar y cuando ella menos lo piensa, todo el balde se ha comido, dejando entre los amigos y medio de la calle, un reguero de pepas y trituradas conchas de mango; con el balde ya vacío –según Gilbert, quien importó esta anécdota- su vecina en Guasimal, en su andar, entre esquina y esquina, se come la bicoca de 50 mangos, que es la cantidad con la que se llena un balde.