EARLE HERRERA :
Guarimba a lo Jalisco

López Obrador huele a guarimba. Dicho con cinismo de ONG, Conferencia Episcopal y Comando Sur, hay una “crisis humanitaria” en su futuro. No importa que el flamante presidente recién electo de México, con mayoría en los estados y en el Congreso, haga un gobierno alejado de todo radicalismo. Para la derecha, el sólo hecho de tener un pensamiento progresista lo hace no su adversario, sino su enemigo.

Los “tanques de pensamiento” del conservadurismo que no se la piensan para matar, no lo llamarán “dictador” de entrada, pero a la primera medida a favor de los sin tierra que quisieron redimir Emiliano Zapata y Pancho Villa, lo acusarán de tener “vocación dictatorial”. En el tanque, que no en el pensamiento, tendrán reservada otra frasecita de las suyas: “Tendencia autoritaria”.

Poco a poco, la industria mediática que satanizó a Andrés Manuel López Labrador durante la campaña electoral, irá construyendo su dictador particular. Después se lo irán vendiendo a la “sociedad civil”, a la OEA, Estados Unidos y la Unión Europa, lo cual es más fácil que vender empanada de cazón en el mercado de Conejero, allá en la isla que dejó un pedazo suyo y la Virgen enterita en la Mesa de Guanipa y oriente adentro.

AMLO no es marxista, ni comunista, ni extremista, pero es indigenista. Esto es suficiente para alimentar el odio de la derecha y de las clases dominantes mexicanas. Está demasiado cerca de Juan Rulfo, de su Pedro Páramo y el Llano en llamas. Vivió de cerca la matanza de Tlatelolco de 1968, cuando la soldadesca bajo las órdenes de un civil masacró a la juventud, allí, en la plaza de Las Tres Culturas, que en ese gran país que es México son mucho más. Tan multiétnico, tan pluricultural, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos, en la frase de Porfirio Díaz. ¡Ay, Jalisco!