Gladys González:
Microcrónicas de El Tigre (IV)

Don Cleto Quijada León (calle Sucre), cuando El Tigre cumplió 60 años (1993), declaró que llegó a El  Tigre en el año 1942, trabajó como jefe del telégrafo como  operario cuando comenzó, luego dos, hasta cuatro, años  todo era a  mano, se ganaba 10 bolívares  por guardia, 5 bolívares por media guardia y 16 bolívares de sueldo siempre “echando plumas”, en diciembre era que se ponía fea la cosa, no dábamos abasto  para tantos telegramas que llegaban, como yo era adeco, me botaron en la época de Marcos Pérez Jiménez; entonces me dio trabajo Modesto García, con eso mantuve a mi familia, a la caída del dictador, volví al telégrafo hasta mi jubilación.

La maestra Edna de Quijada, (Primera Calle Sur), declaró que siempre le gustó la educación, “fui maestra en el grupo escolar Estado Trujillo primera aula, luego subdirectora y me jubilé como directora de esa escuela, “he pasado la mayor parte de mi vida en este pueblo, pero soy de la isla de Margarita y por supuesto devota de la virgen de El Valle.

En la década de los 60 se crea el Ateneo de la Casa de la Cultura de El Tigre (Casco Viejo).

En el año 1980, con la anuencia y tesón impulsada por su amor a la formación de niños, a quien siempre motivó hacia la lectura e investigación, la Prof. Edna de Vallenilla logra que se funde la biblioteca Alfredo Armas Alfonzo, la cual funcionó en uno de los espacios del Ateneo de El Tigre, luego pasa a las instalaciones del antiguo hospital Luis Felipe Guevara Rojas (avenida Francisco de Miranda).

En 1985 con el aporte de la compañía  Mene Grande, se crea la primera parte del Complejo Cultural Simón Rodríguez, con el motivo del 50 aniversario de la ciudad, ubicado en la avenida Simón Rodríguez hoy, 23 de Enero para esa fecha, cruce con Octava Carrera Norte.

Extra aclaró  la revista Mene N°214, p.p 21, se encuentra la siguiente declaración de don  Ramón Inocente Bello, “yo llegué a El Tigre 20 de mayo  de 1933 solamente habían cinco (5) ranchitos de bahareques y paja , mi nombramiento como Comisario me lo dio el general González Perdomo, quien era el jefe civil de Cantaura, en oficio y sobre lacrado, nombre a mi compadre y paisano Luis Manuel Galea, como policía para que me ayudara,  mi sueldo era (14) bolívares diarios  y el del policía  siete (7), esos sueldo los pagaba la Venezuela Gulf Oíl Company  y como no había comandancia  los presos eran amarrados junto con los caballos a la pata de una mata de chaparro.

Don Tobías Álvarez declaró para el diario “Antorcha” (1962): “ Yo llegué primero a El Tigre en 1932, recuerdo que esto era un gran campamento de lona, que se levantaba allí donde se produjo el reventón, todo era un enredo de equipos y materiales, otro campamento similar estaba donde ahora estaba el Club de Leones,  todo era en inglés, salvó las frases “bonachona” del pueblo representado por los margariteños trabajadores de la compañía, no había mucho que ver, sólo la inmensa, sabana, muy pocas chozas y los indígenas que en grupos se dejaban viniendo que buscaban trabajo en la compañía.

La historia se hace a retazos recogiendo pedazos aquí y allá para armar el “edredón de la abuela”, con aportes de unos y otros que formaran un todo para las generaciones futuras.