JOSÉ PÉREZ:
Bachaqueros de Puente Ayala roban a pobladores de El Tigre

Quiso la providencia (a falta de otro calificativo), que el vulgo trasladase el cognomento de "Puente Ayala", en clara alusión al penal de Barcelona, capital del Estado Anzoátegui (uno de los peores lugares de cobijo de asesinos, violadores, pranes, secuestradores, extorsionadores y maleantes de la peor calaña del país, capaces de los peores crímenes y aberraciones), para comparar o quizás identificar, el nuevo dispendio de alimentos regulados, una vez que los comerciantes ambulantes y buhoneros fueran reubicados del viejo e histórico mercado municipal de El Tigre, ubicado en las inmediaciones del sector El Luchador, entre la Avenida 5, la salida hacia Ciudad Bolívar y la Calle Bolívar.

Un espacio adjunto al antiguo y emblemático terminal de pasajeros de El Luchador sirve de sede al nuevo "Puente Ayala". Allí hierve la gente, como solían decir nuestros ancestros para referirse al gregarismo, el desorden, la bulla, los choques de colmillos, los zafarranchos infaltables.

Los mercaderes no tienen piedad con los consumidores, en su mayoría amas de casas y ancianas cansadas y agotadas por el peregrinaje que deviene de la búsqueda de alimentos en las peores condiciones del mundo. Muchas sucumben ante la inclemencia del sol, y se desmayan por la baja o subida de tensión. A pesar de maldecir y farfullar, sucumben a la impotencia. Los vence el desmadre.

Sus cuerpos sudorosos llegan al límite. Pero los buitres de "Puente Ayala" no tienen piedad en eso del comercio en efectivo de víveres y frutas, verduras y toda suerte de insumos para la alimentación. Por ejemplo, el espaguetis Primor, cuyo precio ha sido recientemente regulado, cuesta en bolívares fuertes (de los viejos, de los débiles), 15.000.000; es decir, 150 bolívares soberanos. Igual aplica para un kilo de harina de maíz, o "harina pan" como se le dice corrientemente. El litro de aceite para freír tiene el mismo costo y hasta más. El azúcar ídem. Esto es un atraco al pueblo con la peor característica de la delincuencia organizada.

Estos bandidos se burlan del pueblo y lo maltratan. Les gritan a las personas cuando éstas espetan algún reclamo, y mandan a quien sea a freír monos, en tono amenazante y lenguaje hamponil. Estos no son comerciantes decentes, organizados ni legales, porque de hecho, ni cuentan con patente de comercio, registro sanitario, licencia de expendio de víveres y alimentos, y por supuesto no pagan impuestos. Actúan como esbirros, con absoluta impunidad. Son mafias que le trabajan a otras mafias, las cuales los proveen de esos artículos escasos y sobre preciados al 1.000%, al 2.000% y hasta al 5.000%.

Los cuerpos de seguridad se pasean por esta "Puente Ayala" del robo descarado, de la usura, del expolio y la insensatez, pero no actúan. Se hacen los cobardes y los cómplices. Se juegan a las bromas y la bohonomía con estos descarados del comercio llamado "bachaquerismo".

Nadie les pone el veneno de las leyes para mitigar los graves efectos de sus abusos sobre el escaso peculio de los pobres y más pobres habitantes de la Mesa de Guanipa. Provoca fumigar todas esos especímenes que muerden al humilde desasistido porque el Estado complaciente favorece al delincuente, al pillo, al abusador, al corrupto y al tracalero, mientras los demás viven día a día este viacrucis en todo el país.

No hace falta abundar en más detalles. Sólo con mostrar este espejo nos basta para percibir como la buena fe nuestra gente al acudir a "Punte Ayala" en busca de sus alimentos básicos para cancelarlo en efectivo, después de soportar las penurias y humillaciones en las colas bancarias, se trueca en perversa mecanismo de autodestrucción, de auto flagelación, ante la redonda impunidad de los explotadores. ¡Ah malaya un Marcos Pérez Jiménez!, como dice alguna canción criolla.

Creo que no tiene sentido decirle al Presidente Nicolás Maduro: "Camarada ponga orden es este país", porque a más inútil, suena a palabra hueca, a innecesaria exhortación, a esperanza rota. No le tengo fe a quien no hace cumplir la ley, ni lucha por la salud del pueblo. Un día nuestro pueblo va tomar la justicia por sus manos, y de seguro "Puente Ayala" va arder como ardió Troya. Eso sí es probable. Quizás otros "puentes" también ardan, como el delgado puente que hay entre la tolerancia y la explosión social por un sistema corrupto, ineficiente y obtuso.