Luis Ramón Rodríguez Mata:
Perfiles

Hay miserias de miserias, pero la más grande de las miserias es la falta de HONRADEZ, razonamiento y lucidez en el pensamiento, por lo tanto la miseria mental  de quienes fungen como personeros de un gobierno  que cada día está en apuros y anda mal, tocando de puerta en puerta, tratando de meter en un cuarto obscuro  todos los males que le han causado a un pueblo que ayer los vitoreó, pero hoy, ya hastiado, quiere darles un purgante de carburo, por llevarlo al colmo del hambre, la pobreza y necesidades; llamando esto así sociedad sin clases; salvo una sola, la cúpula que gobierna y nos ahoga. ¡No me – joras!

Kar – Mark, agarra a tus discípulos de hoy y te los llevas a otra parte, y pensar que ayer nos embaucaste.

Pero definamos la palabra HONRADO, en algunos de sus conceptos y veamos si guardan relación alguna con la dirigencia política que nos gobierna hoy. Son personas a quienes se les honra por su pulcritud, sin máculas (manchas) de deshonestidad en su vida, pero en muchas ocasiones el hombre trata de ocultar su pulcritud con un buen traje de levita y salir en televisión con un mazo dando; son estos los hombres que voltearon la tortilla, desconociendo  el valor fundamental de la honradez. Y esto los conlleva a ser ciudadanos sin escrúpulos para robar y estafar al erario público nacional en el cumplimiento de sus deberes.

Ahora, si nos ubicamos en el contexto general de la honradez ¡Todos somos honrados! Ya que ninguno ha sido por ley acusado ni condenado, aunque se demuestre lo contrario, o sea, la opulencia mal habida en negocios, villas y castillos por estos comprados o en firmas de bancos comerciales y para colmo de males, hicieron de estos bancos una clientela incuantificable y hoy por hoy, son la mejor lavandería para lavar y aplanchar de tanto sucio  y arrugas del cochino dinero. ¡No me – joran!

Pero hay una frase lapidaria en nuestra historia, que los bolivarianos de hoy dejan pasar muy alto y es de nuestro Libertador, el más grande hombre de América, Simón Bolívar, cuando dijo: “¡Hubiese preferido el título de buen ciudadano al de Libertador!” Aquí queda claro el concepto de lo que debe ser un hombre honrado. ¿Cuántos tenemos aquí, usted dirá? Pero hasta hoy se ha demostrado en los funcionarios públicos que la piedrita en sus zapatos es la llamada HONRADEZ. ¡No me – joran!