Carolina Jaimes Branger:
Mamás en tiempos de revolución

Ayer, quienes pudieron, celebraron con sus mamás el Día de las Madres. Y aunque el día de las madres debería celebrarse todos los días (con aquéllas que son buenas mamás, porque definitivamente no todas las mujeres están capacitadas para serlo), y más allá del interés comercial, es un día para homenajear a quienes nos dieron la vida y de quienes recibimos el amor más incondicional de todos.

En Venezuela el Día de la Madre era un día de fiesta, yo diría que de mucha más fiesta que cualquier fiesta, tal vez exceptuando la Navidad y el Año Nuevo. Porque somos una sociedad matriarcal y “mamera”. Nuestras buenas mamás eran –y siguen siendo- las mejores. Muchos, por fortuna, sentimos que tuvimos la mejor mamá del mundo. Y si no fue la mamá, siempre aparecía una figura femenina que suplía a la madre: una abuela, tía, hermana mayor y hasta una vecina.

Ayer la celebración fue en su mayoría a control remoto. Por Whatsapp, Skype, o cualquier otra aplicación, las madres huérfanas de hijos fuimos felicitadas sin recibir abrazos ni besos y sin poder retribuirlos. Todo cibernético, como se han convertido nuestras relaciones. Mis tres hijas están fuera. ¡Las tres, Dios mío! Y yo, que quiero estar en Venezuela, tengo el corazón partido en tres pedazos.

Quiero estar en Venezuela para ver el final de esta tragedia. Estoy segura de que lo veré. A quienes se siguen quejando del “fracaso” del 30 de abril, los invito a reflexionar sobre lo que sucedió ese día: se fracturaron el Sebin, la Fuerza Armada y el chavismo que se las había arreglado para aparentar ser monolítico. Maduro –el que dormía como un bebé- parece un zombi cada vez que aparece en público. ¿En quién confiará a estas alturas? Tal vez ni en su sombra… Dicen que los rusos no le permitieron irse de Venezuela, pero a mí me suena más que fue el hombre del mazo, a quien iban a dejar como el cordero pascual. Y encima, la liberación del preso de oro, Leopoldo López, fue la guinda del postre que nos comimos ese día. ¿Fracaso? ¡No! Mi impresión es que faltan semanas apenas… Ellos tienen que arreciar sus conductas para aparentar fortaleza, pero lo cierto es que nunca han estado tan débiles. El próximo Día de la Madre, anótenlo, lo celebraremos en libertad y con muchos de nuestros hijos de vuelta.

@cjaimesb