Manuel Yánez, hijo: De Orinoco al llano

Lanzó su primera producción discográfica “Memorias de una vaca” con canciones de contenido poético muy original y dice que la famosa “viajera del río” es su mamá

CARLOS SAN DIEGO

Pudo ser un canoero. Un pescador en aguas abajo donde el río en silencio llora la soledad. Pudo ser un minero o un bohemio alucinante del casco histórico de Ciudad Bolívar. Pero no. Manuel Yánez, hijo, aunque nació y se crió a orillas del Orinoco, en medio de las calles de bajadas, subidas y casonas de Angostura la vieja, bajo la custodia de sus abuelos Angelina Pérez y Antonio Taberoa, a ellos lo confió su mamá Beatriz Josefina Pérez de Yánez; su inclinación no fue por la cultura de los pescadores ni de los mineros.

En él influyó el llano. La cultura del hato y la pampa. Y da gusto oírlo hablar de sus faenas, de los caballos, de los requisitos y conocimientos que debe tener el trabajador del llano para que la jornada sea lo más perfecta posible. Además, es amplio conocedor de la música folklórica venezolana. Es un apasionado de la obra de los compositores como Joel Hernández, el recién fallecido Eladio Tarife, Pedro Felipe Sosa Caro, Jorge Guerrero y “cholo” Valderrama. Gusta de la poesía y así lo demuestra cuando escribe algunas canciones en las que hay versos con destellos luminosos de la más pura poesía latinoamericana.

Las Araguatas

La razón para que Manuel Yánez no dejara seducir su alma por el ambiente dominante del río Orinoco, ese mismo río por el que su padre, el afamado compositor bolivarense Manuel

Yánez, vio pasar su inmortal “Viajera del río”, tiene una lectura muy fácil, Aunque en su hogar el ambiente musical era muy común. Él, desde pequeño pasaba largas temporadas en el hato Las Araguatas de la familia Casanova, ubicado en el sector Palma Sola del municipio Heres del estado Bolívar. Fue becerrero, ordeñador, peón de sabana y sobre todo, aprendió a trabajar con los caballos. Considera que el caballo es uno de los animales más inteligentes del mundo.

Dice que a un caballo hay que respetarlo. La forma de acercársele, de aperarlo, de montarlo revela si se es o no, llanero.

Apure

De Las Araguatas se fue a trabajar al estado Apure. Trabajaba de amansador de potros en una granja. El paisaje de esas tierras, la decisión con que se debe afrontar las faenas y el silencio reinante por las distancias de los predios, al mismo tiempo que fortalecen al trabajador como hombre, fortalecen su espíritu y subliman su sensibilidad y es allí donde aflora la poesía y nace el poeta. Así, en medio de las faenas, Manuel Yánez hijo, comenzó a escribir y comenzó a cantar. Se hizo pájaro llanero.

De Apure regresó para seguir trabajando en hatos del estado Bolívar. No duda en afirmar que Bolívar es una de las entidades federales de Venezuela más llaneras. La producción de ganado es equiparable a cualquiera de los estados tenidos como llaneros. En Bolívar están algunos de los hatos de más renombre en Venezuela como La Vergareña y Las Lajitas.

El profesional

A pesar de su labor en el campo. Yánez no dejó de estudiar. Es ingeniero en Sistemas. Presta sus servicios profesionales en la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) Ferrominera del Orinoco en los proyectos de telecomunicaciones.

Cámara y acción

Pero su pasión es el llano. El canto de la música venezolana y la exploración del campo audiovisual. También es director y productor cinematográfico. Forma parte en Ciudad Bolívar de la fundación Fonocentro, dedicada al cine y a proyectos audiovisuales, de donde ha salido las series Cuentos del Sur y Narrativas Trasmedia, dedicadas a resaltar la memoria y la geografía del estado Bolívar.

Memorias de una vaca

La camaradería de Manuel Yánez, hijo, con músicos de respetada trayectoria lo impulsaron a trazarse la realización de su primera producción discográfica, para dejar testimonio de su obra escrita, esa misma que dice que nace de lo que ha vivido y trabajado en el llano. Algunas con un cuerpo lírico bastante original. Es la infinita búsqueda del creador. Músicos como Gerson García, bandolista de la escuela de Anselmo López, el arpista Rodulfo Mejías y el violinista Jesús Hernández, han estado cerca de este proyecto de grabación. El disco se titula “Memorias de una vaca”, es una tonada dedicada a la vaca La Fundadora, a la que el portugueseño Joel Hernández, le compuso conocida canción que popularizo Freddy Salcedo en los años 80 – 90. Esa misma vaca que con su leche curó al niño del sarampión. Admiro la imagen y el recuerdo intangible que me he formado de La Fundadora, sin haberla visto, desde que un tío me regaló el LP”, recuerda.

En la tonada relata la historia de la vaca que fue un regalo que le hizo la abuela a Joel Hernández. Parió puras becerras. De este disco ya lanzó los promocionales: “La sombra de mi vida”, un vals compuesto en honor a las madres y “Adaptación al maestro” un joropo en ritmo de San Rafael, dedicado a Reynaldo Armas en sus 40 años de trabajo por la música llanera.

Reflejos indios

Otra canción que aparecen en “Memorias de una vaca” son “El potro de la noche clara”, un pasaje adaptado a ritmo de cunavichero; “Reflejos de indios”, que cuestiona la resistencia aborigen que es doblegada cada vez que vemos a un hermano originario pidiendo limosna, sabiendo que en nuestras venas corre sangre aborigen. “Para mí, eso es una humillación que me indigna”, refiere Yánez.

La musa del padre

Manuel Yánez, hijo, toma el bolígrafo. Lo coloca junto a sus labios. Piensa. Se queda contemplando la majestuosidad del río Orinoco. Y comenta: Dicen que la flor que mi papá vio pasar desde el malecón y después volvía para ver si regresaba, como lo explica en “Viajera del río”, es Beatriz Josefina Pérez de Yánez, mi mamá”.