Gabriel Montoya: Todo el llano en un solo hombre

“Triste amanecer / se oye la vaca bramar /en el corral del ordeño. / Un perro se oye ladrar / cerquitica del potrero, / un caballo relinchar / y corriendo hacia los esteros; / una tristeza invadió / al corral y a los becerros / porque sienten fallecer / al muchacho becerro”.
Así comienza la tonada pasaje “La muerte del becerro” que interpreta Marú Henríquez con base en una letra escrita por Gabriel Montoya “el llanerazo”. Fruto del oficio de poeta que identifica a este hombre, que dedica su vida a diferentes facetas, sin despegarse jamás de su condición de ser llanero. Llanero de origen, convicción,  sentimientos y acción. Es su cultura.

La crianza apureña
Nació en San Fernando de Apure, estado Apure. Su primer grito lo pegó al pie de la estatua de Pedro Camejo “negro primero”. Se crió entre su ciudad natal y San Rafael de Atamaica. Disfrutó de largas temporadas en el campo. Ordeñaba en el corral y cumplía faenas de peón sabanero.

Almacenes Pacheco
En San Fernando de Apure, inició estudios de Ingeniería de Sistemas. Cursó hasta el 5to semestre. Pero en 1994, con 19 años de edad, recibió una oferta de trabajo como gerente de la Almacenes Pacheco, en Puerto Ayacucho, estado Amazonas. Almacenes Pacheco era una red de tiendas de ropas famosa en Venezuela, a la que el maestro Simón Díaz hacía publicidad. Montoya se convirtió en el gerente más joven de estos almacenes, en los que trabajó varios años en las ciudades de Barcelona (Anzoátegui), Cumaná (Sucre), Guarenas (Miranda), Guanare (Portuguesa) y El Tigre (Anzoátegui).
En El Tigre se quedó. No era raro ver a Montoya micrófono en mano en el local de la tienda, ubicado en la calle Miranda cruce con calle Anzáotegui, alentando a la clientela a hacer sus compras. Esos fueron sus primeros pininos como animador de espectáculos.

Nace “el llanerazo”
Al terminar sus servicios para Almacenes Pacheco, Gabriel Montoya, emprendió su negocio propio. Alquiló un kiosco frente al mercado municipal de El Tigre. Allí instaló una tienda de venta reproducción de copias de discos de música y películas. Le dedicó ahínco a la difusión de la música llanera. Con el correr de los años es una de las referencias más importantes en la promoción de este género musical en Venezuela y Colombia. Elaboró una etiqueta propia que identifica como “el llanerazo”, que a su vez le ha ganado apodo de mucho renombre. A lo que le agrega el eslogan: “Pida y más nada”. Es decir, el cliente pide y obtiene su producto musical. Por muy difícil que sea conseguirlo, “el llanerazo” con su amplia red de búsqueda y proveedores, lo consigue.
Esa cercanía y trabajo con la música llanera le fue abriendo otras posibilidades y oportunidades de trabajo. Además de vender discos y videos, con los que ayudó a quitarle ese sello de desprecio que había antes hacia la música grabada en vivo. Le dio fuerza a este tipo de grabación. Y muchos cantantes recobraron la palestra después de proyectarlos con producciones realizadas en vivo.

Polifacético
Además de atender su negocio, Montoya fue ganando espacio como animador de espectáculos. El programa de radio “Unidos de Pueblo a Pueblo” de Radio Fe y Alegría que conduce el locutor Abel Martelo, le sirvió de vitrina para desarrollar su talento en esa rama. Pero al mismo tiempo comenzó a trabajar como productor musical, diseñador gráfico, locutor, productor y editor de videos de música llanera con una alta calidad. Por ello son considerados entre los mejores que se han realizado sobre esta tendencia. Una muestra de ellos, son los de “Los 5 lazos del llano”, que trabajó junto a Jesús Daniel Quintero “el tigrito de Mata Negra”, que le dieron proyección internacional a este cantautor barinés. También los videos de “La soga, la gaza y la chispa”, que han proyectado a Francelín Casañas, Maricruz Cisneros y Yanibeth Quintero por todo el mundo. También ha hecho videos para “Los  cachilaperos”, para José Galindo, Marú Henríquez, Rocío Hernández, entre otros. Creó y dirige su propio canal de You Tube “el llanerazo”, dedicado a la difusión de la música criolla con imágenes espectaculares.

Con sello propio
La grabación de videos es un trabajo meticuloso. Agotador. Van a todos los estados llaneros registrando imágenes de paisajes y faenas. Luego viene la ardua tarea de la edición y musicalización. En eso se ha especializado Montoya con éxito. Son obras exclusivas.  Todo su trabajo realizado desde El Tigre, lleva el sello “el llanerazo”.

Pluma en mano  
Pero Gabriel Montoya también es bailador de joropo criollo. Ha ganado premio en festivales como pareja de baile. Es maraquero, acompañante en conjuntos de música criolla. También es compositor. Con frecuencia escribe canciones. Hasta ahora la más exitosa es la tonada pasaje grabada por Marú Henríquez “La muerte del becerro”, que ya tiene su video en You Tube. Es un tema nostálgico por el fallecimiento del muchacho que alegraba la quesera del hato. Amelia Vilera también ha grabado canciones escritas por él.

La radio
Produce y conduce desde El Tigre, uno de los programas de radio de música llanera más maratónicos de Venezuela, El Llanerazo. Son cinco horas de audiencia todos los domingos.  Desde las 10:00 am hasta las 3:00 pm. Lleva 7 años con este programa que ha rotado en tres emisoras: Clave 90.5, Sureña 105.5 y actualmente Planeta 94.1 FM.

Cierta preferencia
De todas estas labores que desempeña, la que le da mejores dividendos es la de productor musical. Aunque hacer radio y animar espectáculos, es quizás lo que más le agradan.  Ha recibido infinidad de reconocimientos. Constantemente presta apoyo gratuito a varias fundaciones e instituciones que requieren de sus servicios.   

“Cueva” de llanero
Se trata de un llanero incansable. Que no se le ve montando en un caballo, pero sí es fácil encontrarlo en su “cueva” donde el caballo es una computadora y las riendas el teclado. Es su sitio de trabajo. De allí nace todo. Y precisamente ahí, entre miles de discos, así haya silencio, siempre se escucha o al menos uno se imagina el sonido de las cuerdas de un arpa y el grito de un cantador, igualito a quien se encuentra en medio del llano y oye en la madrugada al ordeñador cuando saluda el día con un canto a la vida, así esté nostálgico por la muerte del becerro.