María Isbelia A. de Alfonzo:
Torre de marfil y mundonovismo

A pesar de su apego a la vida bohemia y errabunda, con alegrías peregrinas de voluptuoso deliquio en las pasiones traducidas en un paroxismo de  sensualidad frenética, nadie podía imaginar que  Rubén Darío mantenía una constante lucha con la solapada tragedia interior.
Una confesión íntima de sus grandes penas asoman reveladoras conjugadas en esta estrofa donde ni siquiera la muerte le importaba, su indolencia menoscaba  el derecho a vivir como se precisa en esta estrofa: La Torre de Marfil tentó mi anhelo/ Quise encerrarme dentro de mi mismo/ y tuve hambre de espacio y sed de cielo/ Desde las sombras de mi propio abismo.
Y siguiendo en libre tránsito por los escenarios de Darío recogemos los dispersos abalorios de lo sensual, la vida bohemia, el desenfreno, desajustes y los excesos de su vida: Hora de ocaso y de discreto beso/ hora crepuscular y de retiro/ hora de madrigal y de embeleso/ De “Te adoro”, de ¡Ay! Y de suspiro…
Potro sin freno se lanzó mi instinto/ Mi juventud montó potro sin freno/ iba embriagada y con puñal al cinto/ Si no cayó fue porque Dios es bueno… Más por gracia de Dios en mi conciencia/ el bien supo elegir la mejor parte/  y si hubo áspera hiel en mi existencia/ melificó toda la acritud, el arte.
De tal manera que así como Rubén Darío pudo reconocer los excesos de su vida desenfrenada también su corazón noble de poeta se refugiaba en la pureza del amor divino en algunas de sus estrofas, al dejar la huella dulcificada que atenuaría la acidez que la vida dejaba.
Es importante significar que estas muestras fueron tomadas del poema: Yo soy aquel que ayer no más decía, de su Compendio CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA, perteneciente a la segunda etapa de la obra poética del autor, en este caso nos referimos al Mundonovismo, en ese momento el Modernismo cobraba auge, aunque en el poema también se pueden encontrar algunos elementos pertinentes al Romanticismo Literario, de hecho Rubén Darío se nutrió hasta la saciedad del matriz romántico de Víctor Hugo.
No obstante el Modernismo Literario tiene dos etapas bien definidas, una dedicada al culto de la belleza pura, precisamente esteticista y se cumple en la poesía de Darío en su Torre de Marfil, es su mundo de ensueños, ya en castillos de cristal, ya en evasión por sitios lejanos y exóticos con Ninfas, Sátiros, Princesas y Cisnes con cuellos de interrogación al olvido de los problemas circundantes, como ejemplo de esta etapa se mencionan AZUL y sus PROSAS PROFANAS, La otra etapa de su obra corresponde al MUNDONOVISMO, donde los poetas experimentan un cambio brusco, la atención ahora es Hispanoamérica, hay una gran inquietud por develar el mundo de las cosas, todo está contenido en una nueva experiencia referente a la métrica y a la temática, en Darío esta etapa sería el despertar a la problemática americana, se puede apreciar en CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA, donde se refleja la madurez del poeta encerrando la esencia y savia de su otoño, una amargura existencial asoma con la incertidumbre del futuro.
Pero algo si nos enorgullece y es que el único movimiento literario gestado en la América Hispana fue el Modernismo y su precursor no es otro, que Rubén Darío, por lo que su nombre preside toda una época.