María Griffith:
Reforzamiento positivo

En días pasados al presenciar la preocupación de los padres de Augusto Rafael y Juan Augusto Velásquez por el incumplimiento de sus deberes escolares les hice la promesa a los niños de que si la situación mejoraba los mencionaría en el artículo de hoy martes. Después de evaluar la situación con las tareas y habiendo mejorado me dijeron que esperaban entusiasmados leer dicho artículo.
Lo que hice fue aplicar una técnica que los orientadores de la conducta llamamos reforzamiento positivo. El reforzamiento positivo es uno de los procedimientos clave para aumentar las conductas que queremos fortalecer. Para aplicarlo de forma correcta pueden seguirse los siguientes pasos:
1. Identificar la conducta que queremos reforzar. Es mejor elegir una o pocas conductas sencillas, e ir poco a poco, que pretender que de golpe nuestro niño modifique todos los comportamientos que podría mejorar. La conducta tiene que definirse con precisión. Decir “me gustaría que mi hijo se portara mejor” no nos permite saber qué hay que hacer. Una formulación especifica sería “me gustaría que mi hijo culminara sus deberes antes de salir a jugar”.
2. Elegir reforzadores (premios) que funcionen. Los premios que sirven para un niño pueden no servir para otro. Hay que buscar algo que motive al niño y desee conseguir como pequeños regalos, realizar actividades como ir al cine, invitar amigos a casa, etc. Para buscar premios que funcionen tenemos que en primer lugar asegurarnos que el niño está privado del premio y no puede conseguirlo por otros medios. Si esta saciado (tiene de todo cuando quiere) o al margen de lo que hagamos nosotros, cuando por ejemplo lleguen los tíos, lo van a llevar a ver esa película de todas formas, el valor reforzante del premio como medio para controlar la conducta no es suficiente. En segundo lugar, tenemos que disponer de una serie variada de premios para evitar que nosotros mismos acabemos produciendo saciedad. Si siempre que recoge y ordena sus útiles escolares le doy un helado de fresa, después de un cierto número de veces puede cansarse. Tengo que variar el premio antes de que eso suceda y por último es recomendable empezar con premios materiales al principio, pero gradualmente hay que ir logrando que la conducta sea controlada por reforzadores sociales como la alabanza. Por ejemplo, tras verlo estudiando para un examen muy concentrado le regalo un sobre de sus cromos favoritos y al mismo tiempo le digo con efusividad “que bien estudias Augusto Rafael, que contento estoy contigo”. El afecto genuino de sus padres es siempre el mejor premio.
3. Administrar de forma adecuada los reforzadores. Los premios sólo funcionan si se administran inmediatamente después de que suceda la conducta y tienen lo que se llama una relación de contingencia con dicha conducta, es decir, la persona que recibe el premio tiene claro de que lo que recibe se debe a haber realizado la conducta. Si premiamos a nuestro hijo por haber estado jugando tranquilamente con su hermano sin pelearse durante mucho rato a los dos días del suceso, el refuerzo pierde su valor.
Una vez conseguido el objetivo, no dejemos nunca de reforzar ese objetivo en algunas ocasiones, y seguir reforzando más intensivamente otros nuevos.