Luis Ramón Rodríguez Mata:
Los refranes de Aquiles Rodríguez

Aquí tenemos casos y cosas de personajes anónimos de nuestro pueblo, ciudad de El Tigre en su otra historia en un nuevo estilo narrativo popular.
Un refranero de pueblo dice: Burro viejo cuando ve pasto tierno las orejas se le paran. Hoy este dicho, según el refranero profesor Aquiles Rodríguez, está más vigente que nunca, ya que por esta sabana de asfalto y concreto, hoy ciudad de El Tigre, son muchos los burros viejos, ya cansados, que viven sentados en bancos de plazas, aceras, cafetines y panaderías a cualquier hora del día. Viendo pasar, ya que eso es lo que les queda, a cuanta “pollina” esbelta, morena o catira, meneando sus caderas  de una forma muy oronda, como invitando a comer de ese manjar hecho pasto tierno de mujer.
Por los burros,  muy a pesar de ver y no poder comer de esa calidad de pasto, porque aún, pudiendo correr el riesgo de morirse agitos y así, mucho menos las orejas pararse; teniendo que conformarse porque su anatomía, ya cansada por el trajín de una época, tan sólo les queda consumir, no de ese pasto tierno; sino algo que le inventó el arriero, para continuar su andar con las orejas más parás que unas vená y no son más que las cápsulas de pasto azul, el Nutri-Forte, que lo ayude a parar  ese muerto que cargan encima, para ver si así a las “pollinas” les pueden rebuznar aún corriendo el riesgo de un infarto o derrame cerebral.
Mucha atención a las “pollinas” que se pasean con sus nalgatorios  por calles y avenidas con estos burros cansaos, que por manada andan cruzaos y to’ asustaos cuando las ven pasar, sin poder hacer nada, porque ya por viejos están ataos.

Chiste cruel
Sucedió en la casa de la señora María Puerta, residente de la calle El Carmen del barrio Hernández Parés. Eran ya las nueve de la mañana y el comienzo de un nuevo día, donde antes eran chistes, jodederas y alegrías y soltar las carcajadas que algún vecino traía, parece ser que se perdió la armonía. Pero en medio de ese letargo llegó Antonio, dando sus buenos días y pidiendo su tacita de café, como todas las mañanas, pero nadie contestó, y las miradas entre todos se perdieron.
¿Qué es lo que pasa aquí?, ¿Parece ser que alguien se murió? Porque a todos los veo tristes y callados. Y la señora María Puerta, jodedora entre las más jodedoras, tartamudeándole el habla le respondió así: Es que el hambre que tenemos, hasta el habla nos quitó; y cerramos las santamarías de las quijadas para ahorrarnos las poquitas energías… ¡Y lo que falta…! porque la papa la aumentan to’ los días,  dijo Antonio.
Y parándose, un vecino le dijo al señor Antonio: ¿Antonio, por su casa tiene algún mango maduro? Y Antonio le contestó, ni de Chávez, mucho menos Maduro.
Con este chiste a todos los vecinos presentes les volvió el ánimo a su cuerpo, aunque fuese por algún momento. Y María una vez más dijo: De cualquier manera entretenemos el hambre.