ANDRÉS YÁNEZ :
El valor de la meditación

Parte VIII


Decíamos que en la misma forma en que podemos cambiar deliberadamente nuestra conciencia en la meditación, nosotros tomamos de manera consciente nuestras decisiones, en vez de permitir que la mente vague a su voluntad. Así podemos cambiarla en nuestro cuerpo. La idea es explorar el cuerpo poco a poco e identificar todos los focos de tensión mental y física que se han ido creando, y entonces en calma aprender a controlar esos focos de tensión hasta que vayan desapareciendo progresivamente. No hay prisa. En la meditación no debe permitirse que nada se sienta difícil o duro o competitivo. El tiempo no es importante en este caso. No estamos tratando de ganar  una carrera. Permita que fluya la consciencia, y cada vez que llegue a un nudo de tensión o incluso a un músculo que esté solamente un poco más tenso de lo necesario para mantenernos en nuestra posición equilibrada, dejemos que se vaya la tensión. Si usted es físicamente muy tenso, realice el procedimiento cada vez que medite. Note si la tensión regresa sigilosamente casi tan pronto como se había encargado de ella, y cuando esto suceda, deje que se vaya una vez más.
Estos procedimientos no sólo lo hace más relajado, también aumenta la conciencia corporal. De modo que cuando está en cualquier actividad se vuelve más consciente de los momentos en que parte de su cuerpo o todo en general comienzan a tensarse. De manera que con la conciencia corporal podemos hacer que la tensión se vaya cada vez que aparezca. De modo que la jaqueca por tensión, la mandíbula apretada, el dolor de espalda y de vientre, el cuello y los hombros rígidos, los ojos cansados, el ceño tenso y preocupado, no tienen oportunidad de manifestarse. No solo nos sentimos mucho mejor, sino que la energía física y emocional que gastábamos en mantener esos nudos de tensión, es almacenada para propósitos más útiles y nosotros terminamos el día sorprendidos de lo mucho menos cansados que nos sentimos y de lo más dispuestos que estamos para realizar otras actividades más constructivas o un interés para el tiempo libre cuando llegamos a casa por la tarde, en lugar de desperdiciar el tiempo desplomados frente al televisor.
Conforme entrenamos nuestra conciencia o nos volvemos más atentos, notamos las cosas que nos rodean con mayor claridad, y ya no con tanta frecuencia tenemos la experiencia de dejar algo en un sitio e inmediatamente después no tener ni la mínima idea de donde lo pusimos. Con el progresar de nuestro entrenamiento logramos con conciencia y atención realizar las actividades sin estrés, la mente se tornará más calmada, más deliberada y capaz de elegir cuáles cosas atender por vez, en lugar de ser empujado por los acontecimientos. Y de manera “milagrosa” podremos recordar adecuadamente todas las cosas que estábamos haciendo por vez en forma progresiva y ordenada. Terminamos siendo más eficientes, estamos menos desgastados y tenemos un sentimiento que nos hace sentir la confianza de que nosotros estamos tomando el mando de los acontecimientos.