JOSÉ PÉREZ:
Sobre la perra vida

Un anciano me hace saber a través del coplero amigo Manuel Medina que por el sector El Bajo y en San Mauricio de la localidad de Pariaguán no llega el CLAP. Ya he escrito mucho sobre esto. Lo he denunciado incluso por medio del correo oficial: clapnacional2016@gmail.com, señalando que al barrio Simón Bolívar II de El Tigre tampoco llega y que hay un redondo misterio con esa situación. De Caracas me respondieron y llené la respectiva planilla, y aún no se ven resultados de la investigación. El noble anciano sufre por el hambre, el cansancio de los años y el sobrepeso de las penurias. Siento como él, la impotencia, y exprimo al máximo la fe. No sabemos qué pasa ante tanta ignominia y tanta sinvergüenzura. Sé de estas precariedades y sufrimientos por mi madre, también vieja y sufrida, pobre y descorazonada.
Leo al poeta Juan Calzadilla, con quien compartí unos días de encuentro en Mérida en noviembre de 2016, y del noble y sabio maestro extraigo estos versos que dicen, que señalan cosas sobre los senderos en que se bifurca la vida, en su plasticidad y sus curvas impredecibles, cuando sólo la palabra cubre la frontera entre la realidad y la utopía: “Deberíamos atrevernos a narrar con lujo/ de detalles todo lo que nos pasa por la mente/ en una especie de diario donde nada real sucede./ De este modo le ahorraríamos a la memoria/ tener que venir a auxiliarnos con un discurso/ torpe y lleno de ambigüedades/ después de que los hechos ya han pasado/ o no sucedieron./ No importa que nos equivoquemos/ o que, exagerando la nota, lo que testimoniemos/ resulte ser, como en el caso de los poetas,/ la obra de un gran embustero./ Después de todo no se escribe/ sino sobre lo que uno imagina. Así/ lo que imaginamos sea lo único/ que en nuestras perras vida no ha pasado”.
En la perra vida nos pasa de todo, imaginemos lo que imaginemos. Así le habrá pasado a ese noble anciano que me pide que escriba por él, que eleve su llanto por él, del mismo modo que mis paisanos del El Tigre me piden que clame por ellos ante una bolsa de comida que se comen los pillos, las tracaleros, los corruptos y los capos de oficio. Con la poesía en la mano, como una espada quisiéramos combatir la inequidad y la injusticia de una manera efectiva y certera, pero nada de los que pasa por la mente alcanza el eco deseado. A la siguiente mañana de darle vueltas al asunto y plasmarlo en el papel y soltarlo al aire, aparece la dura realidad cremando las esperanzas. Lo hemos vivido siempre así. Si bien se abrió una ventana histórica, los mismos vagabundos que ayudaron a abrirla ahora la cierran, la burlan y se lucran del dolor ajeno. No tengo más palabras para ese noble anciano que la palabra que deja el silencio sobre el aire de la sabana, mientras la perra vida que nos apunta el poeta Calzadilla nos da sus zancadillas por los cuatro costados.