Enrique Viloria Vera:
La reforma de Martín Lutero

Tan importante es la figura de Martín Lutero para la Iglesia Medieval y para lo que luego conoceremos como Alemania que este largo párrafo de Hanns Lilje ilustrará su descomunal importancia: “la originalidad e irrepetibilidad del fenómeno histórico representado por Martín Lutero es fácilmente inteligible para cualquiera que hable, lea o escriba alemán, ya que, prescindiendo de su particular adscripción religiosa, está recogiendo, de alguna manera, su herencia espiritual. Parece una exageración considerar a Lutero padre de la moderna lengua literaria alemana, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta que el alemán (…) es impensable al margen de Lutero. Resulta hipotético pensar que Alemania hubiera podido conseguir una lengua literaria de común --el alemán luterano de la traducción de la Biblia– de no haber surgido Lutero; es decir, un lenguaje que pudiera ser comprendido en el alta, baja y media Alemania.”
Martín Lutero lideró un movimiento reformador de la Iglesia Católica que buscaba fortalecer el valor de las Sagradas Escrituras, corregir los defectos del movimiento religioso vigente (su apego al dinero y a lo material, la simonía, entre otras prácticas) así como iniciar un camino de mayor pureza y plenitud religiosas en el seno del catolicismo.
Durante 30 años, Lutero y sus aliados, pudieron mantener vivo el movimiento reformador a lo largo de la guerra de los 30 años, y obtener un gran arraigo y una ascendencia sin igual en Alemania, Países Bajos y Francia.
Luego de un atribulado y frustrante viaje a Roma, donde se percató de los abusos y defectos de la Curia Romana, de la desvalorización de la mayor parte de los sacramentos y la proliferación de santos milagreros y vírgenes intocadas, Lutero regresa a Wittemberg para doctorase en Sagrada Escritura. Uno de los pasajes de San Pablo impacta su espíritu atormentado: “Seréis salvados por la gracia y por la fe”, es decir, que la justificación ante Dios se comprobaba por medio de una imputación de los méritos de Cristo, las buenas obras de los hombres no sirven para nada, sólo nos justifica la fe en Cristo, es decir, que “Lutero por un lado concebía la fe como un don de la gracia divina extrínseco a las personas, pero eficaz, y por otro, la sentía como una experiencia personal inmediata.”
El 31 de octubre de 1517, fruto de sus recurrentes protestas mandó a fijar en las puertas de la catedral de Wittemberg 95 tesis en latín que marcaron el inicio de la Reforma Protestante, es decir, de los que protestan.