Luis Ramón Rodríguez Mata:
La muerte de Miguelito

Nativo de El Pao de Barcelona, y junto a otros familiares tomaron por residencia la calle 5 de Julio del popular sector San José de El Tigre, donde al poco tiempo hizo amistad con otros vecinos, donde algunos de ellos lo encaminaron por el vicio de la tomadera de caña, siendo Miguelito un joven viejito muy sano, pero los palos de aguardiente a que era incitado lo convirtieron en malo, tan es así que llegó a convertirse en beodo sin remedio, y todo lo que conseguía haciendo los mandados a los vecinos era para comprar aguardiente, olvidándose de la comía. Su familia le peleaba y pa’ la calle lo botaba, por la mala junta que tenía, entre ellos, al popular “bagre”, pero fallecido el “bagre”, éste se lo encargó a Danilo “el tres peas”, quien en sus borracheras lo monitoreaba por las calle del popular sector, paseándose, echando vana, y cayéndose los dos, abrazados con tremendas peas.
Estas cosas, que eran a diario, lo convirtieron en un personaje popular, que aún borracho era muy querido y estimado por el conglomerado de este barrio y otros sectores aledaños. Tan es así, que por sus nalguitas empinaítas, los jodedores lo rebautizaron con el sobrenombre de “culo e’ patona”, y así será recordado por tiempo indefinido  por todos los vecinos.
Que en paz descanses, Miguelito. Y que  el “bagre” te agarre confesado y le des saludos de parte de “chilito”.   

Aquí no pasa nada,
pero algo está pasando
Una mujer camina a la altura de la redoma de Aguanca, en dirección El Tigre – El Tigrito, en medio de los vehículos. Así lo reportó  un noticiero local, el pasado día viernes, a las 5 de la tarde.
-“¡Mierda!, ahora sí es verdad- exclamó Danilo Guzmán, el popular “tres peas”, del barrio San José –lo que faltaba, mi pueblo se está volviendo loco, pero aquí no está pasando nada.
Reafirmando luego “el tres peas”: -Tal vez la pobre no tendría para pagar pasaje.

En la esquina de El Luchador en la hora del mediodía, cierto hombre con sombrerito de cogollo y franela de rayas, mira hacia arriba y con su dedo de la mano derecha, apunta al cielo, de pronto se aglomeran a su alrededor, muchos transeúntes y uno de ellos, le preguntó: -¡Señor, señor, qué es lo que usted está viendo! Y el hombre respondió: -¡Miren aquel punto luminoso que está allá arriba!
Pero la cantidad de gente aglomerada, se decía: “¡Yo no veo nada, ni yo tampoco!”
 Y al rato, murmurando, se dijeron todos: “¡Vámonos de aquí!, que a ese tipo el hambre lo tiene loco”.
Pero aquí no pasa nada.