Carlos San Diego:
Carnet de la Patria, Constituyente y exclusión

Betancourt vive en la calle El Ejército del sector Nueva República de El Tigre. A sus 80 y pico de años se jacta de ser revolucionario integral. Inquebrantable. Insobornable. Es parte de su orgullo. Un  trofeo personal. No se ha preocupado en tramitar la pensión de vejez. No la acepta. No quiere dádivas ni créditos de gobierno alguno. Se burla del llamado “bono de guerra”. Hasta ahora, a pesar de la avanzada, edad es hombre saludable.  Sobrevive reparando electrodomésticos. Es buen conversador. Asegura que en los años 60 se alistó en un frente guerrillero con su mochila para irse a la montaña. Pero lo defraudó el “piyanquismo” de Petkoff.  
En estos días, en el marco de una misión electorera constituyentista del Gobierno Nacional, tocaron a la puerta de la casa de Betancourt. Era una muchacha muy joven, adolescente quizás junto a dos personas más. Él dejó el motor del ventilador que estaba arreglando encima de una mesa. Se dirigió a la puerta. Sin terminar de llegar, preguntó: “¿Quién…? La jovencita le respondió: “Buenos días, mi señor, la misión Somos Venezuela. Realizamos un censo casa por casa. Dígame, ¿Tiene usted Carnet de la Patria?”. Betancourt respondió: “No, señorita”.  La muchacha le dijo a sus compañeros de trabajo: “Aquí no”. Hizo un gesto con la cabeza a los demás que debían seguir. El octogenario contó luego que regresó a su tarea. Y para sus adentros se dijo: “Mejor así. Sigan. No me hacen perder el tiempo en algo que no es más que una “electoremanía desesperada”.
No sé qué es “electoremanía desesperada”. Lo cierto es que el Gobierno Nacional aún no ha realizado las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente y ya, ha acentuado su sistema de exclusión. Quien no posea el Carnet de la Patria es un venezolano en desventaja. La igualdad de derechos la mandaron a freír mono. La etiqueta del carnet es una “bendición” y una abominación para los demás. Qué obtuso el sistema de gobierno. Y qué miserables quienes lo ejercen, al urdir este tipo de segregación social, política y económica.
Es una ilustración de lo que llegaría a suceder si el gobierno detenta una Constituyente en sus manos. Una Constituyente de la que no se ha dicho cuánto tiempo estaría en ejercicio. De seguro su duración va a ser tan prorrogable como los anuncios del presidente Maduro sobre la vigencia del billete de cien bolívares.  Tampoco están claros cuáles serían sus alcances, al suponer que estará por encima de todos los demás poderes elegidos y no elegidos. Para sustentar su peso totalitario se abrogará la frase de que representa la “voluntad soberana del pueblo”.   
Maduro, electoreramente y de manera alegre anuncia que la Constituyente es la “única; óigase bien, la única manera de alcanzar la paz en Venezuela”. En dónde estará su capacidad de sopesar su razonamiento, cuando se dirige al pueblo, en qué lugar vivirá, en qué nube flota. Sabe bien que la paz es un estado que nunca se consigue, menos con un pueblo hambriento, trastornado de su salud por falta de asistencia, medicina y las presiones sociales a que es sometido por la ineficacia de la administración, precisamente, del gobierno. Dice también que la Constituyente será la “única” salida para el diálogo. Cómo creerle ya a estas alturas. Si aquí quien es capaz de llevarle la contraria el gobierno, es un sátrapa, es un traidor. Es un enemigo que hay que eliminar. La tolerancia, que es una de las virtudes del diálogo está erradicada desde hace mucho tiempo del discurso oficialista. De allí fue nacieron los “escuálidos” y tantas otras mofas con que la prepotencia ataca o se burla de quien piense distinto.
Maduro también comenta que con la Constituyente se aprobará la ley para el control de precios. Disco rayado. Con esta jauría de mercaderes que ha desatado la escasez, la usura y la especulación, ley que le pongan, ley que violarán. ¿Por qué no lo ha hecho en estos cuatro años de mandato, en las que ha creado no sé cuántos organismos para supervisar y controlar precios?  ¿Por qué todo esto que anuncia que resolverá con la varita mágica de la Constituyente? No lo ha hecho a través de los supra poderes que le han sido conferidos  para gobernar por decreto, la emergencia económica, zonas especiales y estratégicas, y los motores que nunca arrancaron (quizás los mismos conductores se robaron las baterías). En fin, es mucha tela que cortar. Y así cómo no entiendo que es la “electoremanía desesperada” de Betancourt. Tampoco entiendo lo que Maduro quiere hacer ahora con la Constituyente que no pudo hacer antes.
De todas maneras, no todo quien tiene Carnet de la Patria, irá a votar a favor de la propuesta de Maduro.