LUIS VICENTE LEÓN:
A propósito de la casa por cárcel de Leopoldo López

Leopoldo López está en su casa y eso es algo que debe celebrarse, a pesar de que aún no tenga libertad plena. También es importante notar que fue enviado allí, a su casa, por el gobierno que lo había encarcelado en Ramo Verde, lo cual sin duda es una mejora notable con respecto a la condición en la que ha estado durante su larga etapa de prisionero político.  
Ojalá esto represente una oportunidad para abrir las puertas a una negociación que permita mejorar las expectativas de solución pacífica a este conflicto que amenaza aún más la estabilidad del país y su deteriorada economía. Sin embargo, es muy temprano todavía para estar claros sobre las razones e impactos futuros de esta decisión, que es muy distinta a otorgar la libertad plena, como demuestran los casos de Iván Simonovis y Antonio Ledezma, recluidos en sus casas desde hace varios años.
Mi primera reacción es que resulta evidente que el gobierno quiere transmitir un mensaje y que está respondiendo a la presión de las protestas y de algunos negociadores internacionales, que tomaron como bandera la liberación de Leopoldo para facilitar acuerdos futuros. Pero esta semana no sólo hemos visto este mensaje de posible apertura no convencional. También vimos la actitud del TSJ de demorar su decisión sobre el antejuicio de mérito en contra de la Fiscal General y la declaración de Henrique Capriles, abriéndose a una potencial negociación política bajo condiciones favorables. Es obvio que algo distinto está pasando.
Si tuviera que apostar (sin tener información privilegiada) diría que hay un movimiento estratégico del gobierno para bajar la presión, quizás como consecuencia de los eventos absolutamente violentos y primitivos que sucedieron en el asalto a la Asamblea Nacional y que fueron demoledores en términos de imagen, para un gobierno ya bastante maltrecho en ese sentido. Puede que eso haya sido demasiado hasta para el chavismo, especialmente el racional, que se plantea un futuro político.
Nada de esto cambia mi opinión sobre los escenarios base que hemos discutido previamente. Puede que se alteren algunos porcentajes de probabilidad, pero no más. Las negociaciones a las que puede estar dispuesto el gobierno están muy lejos de lo que aspira la oposición (salida de Maduro) y especialmente la que espera como triunfo la base opositora, que actúa con sobre expectativas, como si ya hubiera ganado, y siente que cualquier cosa que se le entregue a Maduro y el chavismo es una traición, pues “ya está contra las cuerdas y ahora hay que cobrar”. Esa es una interpretación basada en deseos, en mi opinión, errónea.
No existe ninguna posibilidad de que renuncie ni se vaya, ni ofrezca ahora mismo unas elecciones universales, directas y secretas anticipadas debido a los costos de salida infinitos. Tampoco la oposición tiene la capacidad fáctica para sacarlo por la fuerza, ni la unidad estructural para negociar, al menos por ahora, aunque todo pueda caminar después hacia ese escenario, principalmente si el sector militar juega en ese sentido.
La casa por cárcel de Leopoldo no parará la Constituyente, a menos que se abra una negociación nacional, lo que requiere unidad en el chavismo y en la oposición. Un bien extremadamente escaso. Por su lado, los líderes opositores temen la reacción negativa de sus bases si ellos van a una negociación pública, y es difícil que se abran en ese sentido. Pero además, enfrentarán a los líderes más radicales que los acusarán de traidores. Coincido con los moderados. Plantearse una batalla final, sin organización, ni armas, ni líder específico, es un suicidio más que una guerra.