María Isbelia A. de Alfonzo:
En el espejo del siglo

No tendría reparos en decirte que la llegada de estos tiempos difíciles por cierto dejaría en nuestro sentir una huella desconcertante que se posa tan sutil en las hojas del otoño, y es que el aleteo conjugado de los vientos trae consigo su tiránico proceder al socaire de mi pensamiento.
Ya no podría decirte cuánto duro la fantasía de otros días en el reloj de los pasados tiempos, tan sólo sé que aquel instante se queda corto para la incoherencia del momento.
Y dando un corto paseo por estos espacios nos encontramos con una sociedad materialista generadora de un nuevo eslabón en la generación de relevo desdibujando el presente.
De pronto no sé por qué  traigo a mi mente aquellas páginas que recoge la crónica del holocausto, esa historia de horror del Tercer Reich, sigo esa caminata incansable siempre grande y siempre sola por la inconformidad de Fedor Dostoievski y su Pobre Gente, y más allá El Diario de Ana Frank, cobra vigencia cuando expresa en férvida sugestiva querer seguir viviendo aún después de su muerte.
No obstante sigo el paso por lo literario de los años 40 y me consigo con la Tendencia Vanguardista que opacaría de un tirón la Corriente Criollista predominante en América durante los primeros treinta años, entonces el escritor moderno con su visión más amplia de los problemas humanos estaría en la búsqueda de nuevos horizontes y de esta manera el Cosmopolitismo como líder de otras escuelas gira altivo en torno a la filosofía existencial, la soledad, el absurdo, ¿Y por qué no la desesperanza de un mundo que se ha resquebrajado? Todo puede mirarse en el cristal de la inconformidad del hombre de nuestro tiempo que deja al descubierto en monólogo interior su descontento.
Esa es precisamente la Literatura de Vanguardia, la de los interrogantes metafísicos de la existencia en una búsqueda incansable del ser perfectible, infundio o verdad de esa otra dimensión, y se pregunta desconcertado: Será universo líquido, será configuración autentica, será conciencia eterna, una sustancia no terrestre, realmente será.
Y en este recorrido temporal haciendo mención de lo literario de corte contemporáneo no podía dejar de mencionar a Ernesto Sábato cuando haciendo uso del relato a la segunda potencia lo impone como elemento de la narrativa, así mismo Mario Vargas Llosa monta sus personajes en un decorado anímico donde ellos se cuentan historias entre sí, llámese Caja China,
Lo que indica que el proceso narrativo es una parodia del nuevo tiempo histórico, momento indescriptible que no admite medias tintas donde nos encontramos con cientos de seres que deambulan como zombi su demencia acelerada, sin ni siquiera reparar en su entorno, caras laceradas y cosidas, los de mirada frenética, otros de presencia irracional, pero muchos son los seres, profundamente desgraciados destinados a soportar el frio inclemente.
De tal manera que en su debida oportunidad lo dijimos en nuestro libro LA CONCIENCIA ES LA VOZ DE DIOS, y con esto termino: Estos son los residuos de una época social en liquidación, seres escarbando entre tantos rudimentos para recoger migajas de actualidad dejándonos en un sabor acre  de amargo alpechín, una esperanza rota, una ilusión quebrada y lanzo una lágrima al viento…