Carlos San Diego:
Arroz con mango

Siempre la he llamado María Gerónima. De cierto, no sé cuál es su verdadero nombre. Ella entiende como María Gerónima. Tiene cerca de cuarenta años atendiendo lo que le queda de un puesto de venta de víveres en el Mercado Municipal de El Tigre. Antes era una especie de bodega. En los últimos cinco años su puesto se ha venido a menos. Alega que no obtiene ganancias para reponer la mercancía. De hecho, ya lo que vende son limones, café y cigarros. Los limones son del patio de su casa. Y el café y los cigarros, más que por venderlos, es la costumbre de ir todos los días al mercado. Allí no hay tregua para el aburrimiento. Sobran los conocidos y temas de conversación. María Gerónima, a su edad, es buena conversadora. A cualquier tema le pone interés.
Después de  las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente, comenta que Venezuela es el país donde hay más gobierno en el mundo. Explicaba que aquí casi todos los poderes tienen su doble. Que el gobierno es un arroz con mango. No deja de ser razonable su reflexión.
Mucho gobierno o equipos de gobierno y no se gobierna. Hay muchos forajidos. Esas especies de caudillos que olvidan las leyes a la hora de tomar sus decisiones personales. Su cabeza es populista. Piensan que su decisión es la mejor para el pueblo. Pero sólo resulta buena para él o ella y su camaradería.  Un salvamento del pellejo propio. Pérdida de la perspectiva democrática. Ocurre cuando el populista desconoce la voluntad popular. No le agrada tener contralores. No le agrada la tolerancia. Menos el diálogo. La inteligencia se anula. Aparece la mentira como ejercicio de poder.
Vemos entonces, que a la Asamblea Nacional le salió una “superior”, legítima o ilegítima con poderes excelsos prorrogables hasta que los espectadores sin pan ni resultados prometidos, se cansen del circo. Así la Asamblea Nacional Constituyente satisface lo que no encontró el Ejecutivo Nacional desde que la Asamblea Nacional, electa por  sufragio popular, se le convirtió en mayoría opositora. Vino el “desacato”, las inhabilitaciones de los diputados del estado Amazonas. Y no hubo paz. La mayoría es demasiada incómoda, aún cuando ésta no ha sabido o no ha podido zafarse las imposiciones del Ejecutivo que tiene de aliado principal al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Ahora el Estado tiene que pagar sueldo a diputados y a constituyentistas.
En esta dualidad de poderes, el Ejecutivo conformó un Tribunal Supremo con magistrados que le generaran confianza. Ellos, de un plumazo o un pronunciamiento, aprueban o desaprueban lo que convenga y no convenga al gobierno, más no a la nación. Pero reciente, la Asamblea Nacional designó a los nuevos magistrados del TSJ. Al parecer, están en el limbo.   
Para la conformación de una nueva directiva del Consejo Nacional Electoral (CNE) cuyas rectoras deben aspirar la jubilación,  y que ahora, con las elecciones de la Constituyente, demostró su parcialidad con el poder Ejecutivo, bailando al son que le tocaran, la Asamblea Nacional también llamó a la postulación de los nuevos rectores. Postulación de la que pocas noticias se han tenido.
Paralelo al Ministerio Público, en los últimos meses, después que Luisa Ortega Díaz comenzó a decir verdades incómodas para el régimen, apareció con más poder, para atender “los casos que ponían en riesgo la integridad democrática”, la Fiscalía Militar.
Ello, amén de los gobernadores y alcaldes que han sido inhabilitados, defenestrados, mal vistos, a quienes les han montado su paralelo. Sea en funciones propias, iguales o a través de fundaciones con más plata que una gobernación o una alcaldía.
“Esto no tiene compón”, insiste María Gerónima. “El arroz con mango está cruíto, pero muy mazacotudo”. Prendió un cigarro de los que vende. Aspiró una bocanada de humo. Sin dejar de hablar, comenta: “Lo que falta es que aparezca uno o una paralela y se siente en la silla de Miraflores. Eso sí, que no sea Delcy ni Vladimir Padrino”.