EARLE HERRERA :
Los pro invasión

Habría que tener el talento lingüístico de Mario Briceño Iragorry, quien divulgó el término “pitiyanqui”, para retratar  en una la palabra el alma “criolla” --si la tienen--  de los venezolanos que desean la invasión de Venezuela, vale decir, aunque cueste escribirlo, de “su” patria.  A estos no les importa si el zarpazo lo da  la potencia imperial o una alianza de perros alfombrados, sino que nos invadan.
Los escritores tienen el don de crear personajes que terminan por convertirse en estereotipos, o para decirlo con echonería jungiana, en arquetípicos. Pedro Emilio Coll nos legó “El Diente Roto”. Rómulo Gallegos a Mujiquita, entre otros del maestro. Miguel Otero Silva inmortalizó en un poema al “Rompehuelga”, tan abundante entre algunos de los que hoy editan su periódico. Y huelga seguir citando casos porque no terminaríamos nunca.        
Por ahora hablemos de esas criaturas que provisionalmente llamaremos  “los pro invasión” o los ”invasibles”, solo  para evitar  vocablos genéricos como “traidores”, “apátridas” o “vendepatrias”, por trillados a lo largo de la historia.
El “pro invasión” (“invasible” o “invadible”) está aplastado por el complejo de inferioridad y otro amasijo de complejos, así pida que lo violenten en otro idioma (generalmente el del invasor): “Yanquis,  come home”, gimen y berrean.  El desprecio del invasor lo deslumbra. No es masoquista, es lambón. Solo sometido se siente feliz. O cree serlo.
El término pitiyanqui, nacido en otro tiempo y contexto,  no plasma toda la miseria del ser que nombra.
En Panamá llaman “gringueros” a los aduladores de los gringos, pero los nuestros caen en un nivel mucho más bajo y ruin  que la adulancia. La palabra compuesta “pro-invasión” los define pero no los retrata en toda su vileza. Es demasiada académica.
 Mientras busco afanosamente  la voz o expresión que arrope y dé la imagen  en 3D del desgraciado, intuyo el vocablo que el lector tiene en la punta de la lengua, pero no lo escribiré aquí  por ahora, para que desayunen tranquilos.