María Isbelia A. de Alfonzo:
Carta de Jamaica, páginas proféticas

El saber de la pléyade del siglo XVIII estaba cifrado en la razón y por ende es la enciclopedia el máximo exponente del racionalismo, es significativo que a finales del mismo siglo se manifiesta el prerromanticismo literario en Alemania e Inglaterra imponiéndose al cansancio de la rigidez propia del neoclasicismo, en todo caso es la búsqueda de la libertad artística, la originalidad y la personalidad subjetiva, estos caminos conducen a los sentimientos para así erradicar el academicismo neoclásico.
Es significativo que en ese momento Hispanoamérica asoma sus vertientes artísticas en el periodismo y  la oratoria siendo un mensaje alentador a merced  de la revolución emancipadora, un testimonio fehaciente irrecusable constituye la prolífica producción literaria de nuestro Libertador impresa como relicario en cartas, arengas, proclamas y documentos de connotación política, dejando la huella sempiterna del saber cómo prosista analítico de sobrado estilo polémico, brillante, vivo con una identificación cónsona a sus filantrópicos sentimientos, de estilo mesurado, serio, profundo, pletórico de aliento, intuición y unidad.
Para comprender mejor el estilo bolivariano en su verdadero contexto es necesario entender que Bolívar fue un gran cultivador del género epistolar, con una amabilidad característica, expresivo amistoso y muy genuino, lleva la facultad de escritor sin producir su obra con finalidad literaria, toda vez de ser su numen prodigioso es valía a su ideario político, social y filosófico del momento que la tarea histórica le impone, de hecho emprende el periplo de su vida diseñada por la conversación regia, critica y reflexiva, los reiterados viajes y el trato frecuente con grandes hombres de diversa jerarquía cultural.
Simón Bolívar fue un lector crítico y selectivo de la literatura de Rousseau, Montesquieu y Voltaire, hombre público, ingenioso estratega militar, es el político, es el ideólogo con dotes de estadista, pensador realista, piensa en lo universal, pero es nacionalista.
No obstante en un momento determinado de la historia, específicamente el 5 de septiembre de 1815 se sitúa en Jamaica y se ve inspirado con una chispa de ingenio que brilla como luciérnaga en la noche y escribe la famosa carta de Jamaica dirigida al súbdito británico Henry Cullen, muy a pesar de la privacidad conferida en la prolija carta, constituye hoy un documento inmortal de infalible análisis social sobre las causas que influyen en la formación política de los pueblos americanos.
Sabios postulados políticos, sociales y filosóficos predicen el futuro de América en los próximos 100 años, es un manuscrito abierto a las páginas de la historia, calificado como profético y de vigencia permanente, todo lo allí estipulado se cumple a cabalidad.
“… Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo menos por su existencia y riqueza que por su libertad y gloria, aunque aspiro a la perfección del gobierno de mi patria, no puedo persuadirme que el Nuevo Mundo sea por el momento regido por una república, como es imposible no me atrevo a desearlo y menos deseo una monarquía universal de América porque este proyecto sin ser útil, es también imposible…”