María Griffith:
Desesperanza aprendida

Nuestra vida, dependiendo de las circunstancias, puede ser una sucesión de experiencias hermosas, nutritivas y significativas que nos permitan alcanzar plenitud y paz. Pero también es posible que esas experiencias resulten frustrantes, dolorosas y desalentadoras. Que sea de una manera o de otra depende de causas diversas. En este sentido, los aspectos sociales o políticos, pueden hacer que nos veamos envueltos en grandes carencias de recursos necesarios para sobrevivir y que reduzcan al mínimo nuestra calidad de vida.
La situación que está viviendo nuestra querida Venezuela en estos momentos ha dado origen a un fenómeno denominado “desesperanza aprendida”, el cual es un estado de pérdida de la motivación, de la esperanza de alcanzar los sueños, una renuncia a toda posibilidad de que las cosas salgan bien, se resuelvan o mejoren, por lo que es mejor irse del país según la opinión de algunos. En términos generales, la desesperanza hace que se vean debilitados o extinguidos el amor, la confianza, el entusiasmo, la alegría y la fe. Es una especie de frustración e impotencia, en el que se suele pensar que no es posible por ninguna vía lograr una meta o remediar alguna situación que se estima negativa.
Martin Seligman, creador de una corriente psicológica conocida como “Psicología positiva”, estudió a fondo este tema y junto con un destacado colaborador, Steven Maier sometieron a un grupo de perros a un experimento en el que se les aplicaba descargas eléctricas, impredecibles e incontrolables. Entre sus conclusiones, reportaron que los animales se vieron impedidos de predecir o controlar el estímulo doloroso, por lo cual perdieron su motivación y lucían desanimados, lentos y torpes para actuar y limitados para aprender nuevos comportamientos.
Hoy sabemos que en política se usan estrategias de este tipo en los opositores y/o disidentes para desmoralizarlos y evitar iniciativas resistentes a los abusos de poder. En consecuencia, es importante saber que para superar la desesperanza aprendida es necesario comprender que se trata de una percepción y no de una realidad; que hay que asumir que todo pasa y que cada día es nuevo y está lleno de posibilidades y potencialidades; que es necesario buscar formas creativas de abordar la situación valorada como amenaza; apoyarse en personas que tengan otros recursos que nosotros no poseemos; centrarse en los dones y talentos, en vez de enfocarse en el problema o en sus posibles consecuencias negativas; buscar en su experiencia conductas que le hayan servido para superar situaciones difíciles, así como dar un paso a la vez para salir del atolladero.
Lo más importante aquí, es que comprendamos que este momento crítico que atraviesa Venezuela no es algo que está allá “afuera”, sobre lo cual no tenemos influencia alguna y que toca a los demás resolverlo. Reflexionemos sobre esto y aportemos nuestra cuota de participación con nuestro voto. Es posible que no nos veamos representados en la alternativa de la oposición, pero la abstención tampoco es una solución.