Javier Aranaga:
¡El cuento del candidato!

A raíz de las distintas elecciones que se han presentado en nuestra amada Venezuela y por los candidatos que constantemente se lanzan a cualquier contienda electoral; se hace presente aquella famosa canción de la Billo Caracas Boys en la que un brujo hace maleficios y termina diciendo… “El candidato soy yo…” Desde la llegada de Hugo Chávez al poder, hemos visto con estupor como se ha utilizado este tipo de subterfugios; hasta llegar al extremo de utilizar cualquier excusa para obtener fracción de los huesos del Libertador Simón Bolívar y hacer cualquier barrabasada que se les ocurra. Recientemente se dejó colar por las redes sociales el hecho de una reunión con Nicolás Maduro y un numeroso grupo de babalaos (sacerdotes de la religión yoruba) en la que supuestamente se trabajó por el triunfo electoral de las huestes rojas rojitas y la gente en las calles se creen cuanta porquería se coloca en esas redes. Estos temores sólo han servido para desmoralizar a la población y con ello llevarlos a la abstención, que es el único factor que ha incidido en los resultados.
Otro de los factores de desmotivación de la población es aquel tipo de candidatos que sólo se lanzan para negociar sus postulaciones y ganar un dinerito, claudicando a favor de un contrario con real valía, que lamentablemente también cae en el juego y busca fortalecer su candidatura. Sabemos de candidatos que han recibido dinero de ambos lados; de acuerdo al efecto que se busque, entendiéndose que unos lo hacen para dividir las posibilidades de triunfo y otros para llenarse sus bolsillos, hay candidatos que con estas maniobras han mercantilizado la política y han llegado a sustentarse con fortunas provenientes de esas negociaciones y las empresas que establecen con ese dinero; empresas que sólo son una máscara, pero que también son una fuente del dinero que necesitan para sus campañas, estableciéndose un círculo vicioso que no para de accionar. Empresas con capital sucio en las que ocultan los dineros provenientes de esas comercializaciones políticas y que hoy por hoy proliferan.
Algunos ya han ocupado posiciones preponderantes, pero en su afán de seguir coleccionando posiciones, se lanzan a cuanta elección se les presenta, unos con acierto y otros con derrotas que a la larga se convierten en suicidios políticos. En nuestra ciudad hay muestra de este tipo de candidatos y quienes se atribuyen liderazgos que no les corresponde, pero que por efecto mediático algunos se creen. Empresas que aportan vehículos y dinero que a las claras dejan ver el trasfondo de cada una de esas acciones. Últimamente hemos utilizado las escrituras para sacar de ellas frases lapidarias… “Por sus obras les conoceréis” y es así como ellos mismos se quitan la careta que les hablo. Hay otros que se lanzan con la intención de “servir y no ser servido” y que por razones de falta de verbo o equipo de trabajo, han venido perdiendo oportunidades de triunfo, pero al final la justicia prevalecerá y se les otorgará la oportunidad de servir y la gente en la calle lo dice claramente… le darán la oportunidad, pero ay si no cumple las promesas… le pasarán factura también. En fin, este tipo de maniobras comerciales de la política es la que la ha convertido en politiquería y deslucido el sentido de la diplomacia que representa el concepto de política. Se acerca un nuevo proceso y los mercaderes andan exigiendo prebendas… ¿Lo lograrán o romperán la unidad?