María Griffith:
Paradigma emergente: Teoría de la complejidad

Es el presente un momento en que el desencanto, la incertidumbre y la violencia parecen cerrar toda salida para nuestro país. En realidad, se ha llegado a esta incertidumbre en el siglo en que los logros del saber y los avances técnicos son asombrosos, y sin embargo es en la ciencia donde se ha hecho más notoria. Esto no es otra cosa que una crisis de principios, que se expresa en una desorientación fundamental respecto a sí misma y al mundo.
Estamos viviendo hoy lo que, según el autor de la complejidad, Edgar Morín, ha denominado como “sordera especializada” que no es otra cosa que la pérdida del “oído generalizado”, o sea la incapacidad de comunicamos, situación que se extiende hasta la vida académica que necesita para poder vivir del encuentro y la crítica mutuas.
Esto se debe a que, como lo indica Morín, la certidumbre oficial se ha vuelto incierta, y esto por obra del positivismo, paradigma en que se ha movido en los últimos siglos. Por eso, bajo el riesgo de caer en el oscurantismo, no podemos rechazar el saber ni la ciencia, mucho menos sabiendo que nuestros países necesitan de la ciencia para resolver sus múltiples problemas.
Es aquí donde entra la idea de complejidad y la necesidad de una reforma del pensamiento y de un cambio de paradigma, que nos permita acceder a una teoría general que integre las diversas disciplinas académicas y nos abra a una actitud más humana y solidaria. Ciertamente, como afirma Morín, confusión e incertidumbre no son las últimas palabras del saber, sino los signos precursores de la complejidad.
La indagación sobre el significado y los alcances de la complejidad se presenta hoy día como un reto para la ciencia y la filosofía y la Universidad debería ser el entorno natural para pensar sobre estos temas, pero por factores múltiples, ha perdido la capacidad de aglutinar a sus miembros en relación a problemas comunes. Es hora de despertar y comenzar las transformaciones internas en nosotros mismos para poder propiciar, a la vez, la necesaria transformación de nuestra sociedad.
La reflexión sobre la complejidad, por su intento de reunir de nuevo los saberes e integrar al hombre consigo mismo y con el universo, podría ser un punto de partida para recuperar su vocación universal. El primer paso es retomar el sentido de la palabra misma, complex, unidad en la diversidad. El esfuerzo del pensamiento complejo es captar la diversidad y pluralidad de la unidad, o sea un pensamiento que enlaza y globaliza.