Luis Ramón Rodríguez Mata:
Feliz cumpleaños


68 años venciendo las oscuras noches del tiempo. Según los historiadores de la época, eran las cuatro de la mañana del año 49, de un cuarto día del mes de diciembre, de una semana cualquiera, y en la calle Orinoco del sector Casco Viejo de El Tigre, en una modesta  vivienda de paredes de bahareque y techo de palma de moriche, en su interior, sobre un “catre”, se retorcía por sus dolores de “parto”, la joven de escasos 16 años, Yolanda Josefina Mata, quien había llegado procedente de la bella isla de Margarita en la primera oleada de paisanos que pisaron la bella Mesa de Guanipa, en búsqueda del preciado oro negro; ya la joven Yolanda estaba por alumbrar un hijo, quien sería la próxima generación que traería la intención de escribir esta otra historia. La parturienta era acompañada en tan difícil, por la partera casera que se llamó en vida doña Tomasa Mejías y justo, a las cinco de la mañana, salió del envoltorio un niño varón, al que por nombre le pusieron Luis Ramón.
A mis amigos y  conocidos les diré, si quieren celebrar conmigo este cumpleaños, traigan de todo, porque lo único que tengo en esta crisis es una gran pelazón. ¡No mejoras!

Historia de bodegas
Mi hermoso país, tiempo pasado, hoy cómo me lo han destrozado y está más pelao que la bodega del difunto Ramón Guatache, por allá, por los años  60. Ésta quedaba en la calle Nueva Esparta con esquina de la calle Orinoco, no tenía nada en los armarios o estantes, estando totalmente quebrado, sólo ratones se paseaban por el tablero. Por eso la gente del pueblo llamó también a estos negocios “ratoneras”.
Si esto guarda alguna similitud con el país, es pura coincidencia.
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Cuenta la historia que antes se compraba en cualquier bodega de nuestros incipientes barrios, por céntimos, ejemplo: Véndame, señor Melitón –que tenía su bodega de la calle Negro Primero con la esquina de la calle Lara- una papeleta de a medio de café El Inca o Caballo Rojo y una locha de azúcar, y me da también medio de leche, pero que sea Nido o Klim, y cuatro panes de a locha, pero que sean los panes grandes que trae Rogelio de la panadería El Tigre de don Arturo Santoyo.
Todo esto se compraba con un bolívar (100 céntimos). Hoy un bolívar equivale a un millón de los fuertes y con todo ese dineral no se compra nada, sólo el periódico Mundo Oriental.