ROSARIO GONZÁLEZ:
Discutir o debatir

Estaba yo en pleno encontronazo de palabras, inmersa entre preguntas irónicas y respuestas sarcásticas matizadas con vivencias para darle la esencia de verdad, que toda historia merece. Las negaciones que se hacían con un gesto de la cabeza, mientras el oponente hablaba, inducían a formular oraciones mucho más ácidas.
Los tonos de voz variaban en su fuerza según el énfasis que se buscaba, el calor en el ambiente iba aumentando y la habitación comenzaba a reducirse, noté que las personas que alrededor estaban, habían desaparecido y en mi campo visual sólo se encontraban algunas cartas que serían mi esperanza en aquella batalla ideológica.
Un tema nos llevaba a otro, el país tiene tantas cosas mal que está garantizado todo un temario, que se presta para verse desde diferentes escenarios, manipulados por las concepciones o preceptos que cada quien asuma. Y mientras tanto los espectadores seguían nuestras voces, de un lado al otro, por cortesía.
Con la boca seca de tanto hablar comenzaba a distraerme, y daba inicio a aquellos comentarios que nada tienen que ver, o lanzados al aire con la intención de incomodar: “es que tú no escuchas”, “pero déjame hablar” “ah, es que tú te las sabes todas” “un momento, no me interrumpas” y las más hermosa “¿Ya?, ¿Terminaste?”.
Fue agotador, sí, pero valió la pena. A la final no llegamos a nada, ninguno hizo que el otro cambiara de opinión, todo finalizó con unas cuantas carcajadas y un abrazo cuando apresurado uno de los pares tuvo que irse, con la promesa que estaba pendiente aquella conversación, quizás no en el mismo punto, a lo mejor no el mismo tema, aun así, teníamos la certeza que se repetiría ese encuentro.
De a poco, volví a darme cuenta donde me encontraba, me sirvió de reflexión. En Venezuela, aunque no puedo incluir a todos los venezolanos, no existe la cultura de debatir. Siempre que se me presenta el caso de defender mi punto de vista, generalmente termino siendo tildada por “problemática” o “una persona difícil”, entre otras que no quiero recordar.
No siempre fui consciente de este tema que planteo, tuve la suerte de  coincidir con personas con un gusto particular por confrontar ideas, así que de alguna forma, el poder tener la experiencia de defender mi punto de vista, sin que necesariamente fuese una pelea, me funcionó como una especie de escuela que sirvió de práctica para reconocer la poca destreza en construcción de argumentos.
Así que recomiendo darnos el chance de enfrentar nuestras ideas con otra persona, defender lo que crees  buscando la manera de sustentarlo, es tú realidad, así que no esperes que todos vean el mundo de la misma manera, expresen las cosas del mismo modo. Ten en cuenta que todos tenemos derecho de sentir afinidad por ciertas ideologías o corrientes, esto, de algún modo nos va dando forma como individuos. Que estas diferencias no se conviertan en discusiones, sepamos decir las cosas, intentemos escuchar aunque se nos dificulte y recordemos que aunque no cambiemos lo que el otro cree, o aunque el otro no logre cambiar lo que creemos, siempre podremos sacar algo bueno de esas diferencias que sólo las diferentes perspectivas pueden generar.