MIGUEL ÁNGEL ROJAS TABCHE:
La luz brilla en la oscuridad a pesar de las adversidades

Kikiriki cantaba el  gallo, es lo primero que se escucha  en los patios cercanos y con esa melodía me despierto, con el sonar del teléfono y esas fuertes ganas de orinar, bostezando y estirando los músculos tras una mueca de flojera,  doy las gracias por un nuevo día de vida  lleno de luz y alegría; me dirijo rápidamente al baño para no hacerme encima, y suena la puerta, y   seguidamente  me lavo las manos, me cepillo los dientes, cuando al caminar por la casa me tropiezo por enésima vez con algún mueble  o silla que movieron sin avisarme…  reclamo,    ¡Cónchale, panita! ¿Cuándo será el día que no me iré a golpear?
 ¿Será   que estoy escuchando  sonidos anormales o son mis tripas que aclaman desesperadamente por el desayuno? Agarrando camino hacia la cocina escucho llorar fuertemente  a un niño y cuando percato es la vecinita que vive al frente, no le presto mucha atención y me pongo a preparar algo de comer. Una vez habiendo terminado de desayunar lavo el plato,  abro la ventana de la cocina, y así entra un poquito de brisa, suena el vidrio de la misma cuando la abro, tirando la vista para observar la luz de la naturaleza, recordando que apenas puedo ver; queriendo salir al patio para saludar cariñosamente a mi mascota abro las puertas, y es ahí cuando el sol que de forma inclemente me pega en la cara, exclamando: - ¡Oye loco, el catire se paró hoy templao! Esto hizo  sentir esa sensación que le asemeja al calor tan fuerte que se siente cuando hierve el agua para hacer el café, el trinar de los pájaros, las conversas de las palomas, los ladridos de la perra, ese suave y encantador sonido de la brisa  que  estremece las matas de aquí para allá, y de allá para acá, además del sonido ensordecedor   de los diferentes vehículos que pasan a toda máquina, ¡ah claro! y también  las músicas con las propagandas políticas de los candidatos es lo que se escucha casi todos los días en plena campaña electoral.
Aunque  poseo una discapacidad visual, mi punto fuerte o vía de relax para poder vivir como una persona normal con mi  condición, es  mi gran autoestima, fe y positivismo para enfrentar las cargas que Dios coloca en el camino,  sentido del humor así como el completo apoyo de mis padres y demás familiares.
Con un short color negro y una camisa manga corta para no ahogarme por el sofocante calor, comienza  mi jornada  hogareña, me digo a mi mismo: “¡Ah caracha, hombre para ser  trabajador  a todo terreno, parezco una camioneta cuatro por cuatro!” (risas). Barro, coleteo, friego, lavo y  hasta cocino, modestia aparte, me siento un muchacho completo, no pareciera que  tuviese alguna discapacidad porque afronto la vida con tanta naturaleza.
La falta de vista no es un impedimento  cuando se tiene la voluntad de hacer las cosas con amor, cariño, esfuerzo y dedicación; una fortaleza que llevo conmigo como  trotamundos de la vida es la música, pasión  que  me desborda y  transporta a  un mundo dimensional  así como  cuando los  astronautas viajan a la luna, esto sucede   cuando la ejecuto, conciertos, reuniones con los amigos y  toques pagos mejor conocidos como tigres, son los momentos en que   demuestro ese tan preciado talento dado por el Todopoderoso, trucutrú trucutrún trumcutrú es el sonar de los cueros del bongó pero: -“¡Ah caray,  el cuero de chivo! con que hacen cierto instrumento parece que mientras más viejo se pone más duro,  o ¿será que  tengo tanto tiempo sin practicar que  al tocar el bongó las manos se me entumecen  como cuando agarro una panela de hielo, y ese olor de la madera  pulida que nos traslada  a esa época donde  la misma era como dice una canción, ‘madera fina?’”.
Vivir seducido por lo que sucede, nos hace sensible a todo, percibes detalles que para muchos son insignificancias, yo vivo entre insignificancias que me llenan, eso, aunque por dentro llore me hace sonreír de forma fácil, en ocasiones, el constante cuestionar cansa y a veces duele,  creo que la vida es así y entre lo que creemos importante, nos la perdemos  pensando en que puede hacer y perdemos la magia de detenernos en los detalles del día a día, del despertar de cada instante, de agradecer por lo bueno y también por lo malo.