Luis Ramón Rodríguez Mata:
Venezuela, un país de lamentaciones y conformidad

Esta vivencia precede la lucidez mental de Dany Rafael “pico” Llovera, quien reside en una vereda cualquiera de la urbanización Inavi de El Tigre y en cierta mañana hermosa, tomándonos un sorbito de borra de café, donado por su complemento de vida, doña Eudis de Llovera. “Pico” da inicio a esta conversación en lenguaje original y propio de mi pueblo y la relata así, con un humor que le sale hasta por los poros, a pesar de convalecer por algunas dolencias que le maltratan la vida. Este es su punto de vista de lo que está ocurriendo ahorita en nuestra querida Venezuela. No invento nada. Todo está escrito de acuerdo a sus propias verdades expresadas.
-Se lamenta el cuentahabiente por qué no hay dinero en efectivo en el banco.
-Se lamenta la secretaria y cajeros internos porque los clientes se la mientan.
-Se lamenta el comprador  porque todo sube de precio y los reales no le alcanzan para nada.
-Se lamenta el trabajador porque le suben el salario, pero en el cada día en su vianda no lleva nada.
-Se lamenta el ama de casa porque ya no consigue qué cocinar, con la despensa y la nevera vacías.
-Se lamenta el borrachito porque ya no se puede echar su traguito.
-Se lamenta el lector porque al periódico le aumentaron el precio y ya no puede leer y buscar la información, mucho menos los obituarios para ver si salió el funeral del articulista Luis Ramón ¡No me joras!
-Se lamenta el tomador de café porque vive doliéndole la cabeza ante la falta de cafeína.
-Se lamenta quien  come pan porque según los panaderos, la harina es importada y le suben el precio cuando les viene la gana.
-Se lamenta el usuario del transporte colectivo por el mal servicio prestado, pero aun así el pasaje es aumentado.
-Se lamenta el colector porque el pasajero paga incompleto y éste, rezongando le dice: “No te lamentes tanto, pana, que no cargo más efectivo”.
-Se lamentan los vecinos y dicen que nos vamos a comer unos a otros, pero antes nos comeremos los perros y los gatos porque la carne de res y los huesos subieron de precio y ya no los podemos comer.
-Se lamentan los enfermos por no tener medicinas ni siquiera en captopril, que era el más baratico y hoy no se puede conseguir. Por lo tanto, seguiremos teniendo la tensión en alto como reverbero chino.
Pero ante estas “lamentaderaciones” tenemos que tener conformidad y estar de acuerdo con todo lo que se nos diga, así: “No se preocupe mi pueblo, que ya estamos derrotando al imperio y sus lacayos en su nefasta y fracasada guerra económica, que son los únicos culpables de esta escasez y hambruna. Y ya en los puertos tenemos cantáiners repletos de alimentos y medicinas y también para los perros hemos importado suficiente perrarina”.
Con estos ofrecimientos la gente se queda tranquila, baja la guardia y dice… no importa que ganen, aunque sea con trampas de las maquinitas; total, qué nos da, si seguimos igualitos.
Ahora, mi pueblo… ¡Valiente para pasar hambre!  Te traemos una nueva innovación. ¡Ya no harán más colas! y todo lo encontrarán por montón con tan sólo presentar su otra cédula de identidad y juramentarse como buen patriota ante la Constituyente.  De todas maneras y formas, todos quedamos conformes después de oír, tantas peroratas y sólo nos queda esperar un nuevo día para continuar mentando por tantas “lamentaderaciones” la que te conté ¡No me joran!