Carlos San Diego:
El premio Palo de Barraca

El hambre y las carencias no amilanan el pensamiento ni la creación. Un ejemplo vivo es el artista plástico José Hernández “el danto”. El hambre ha agarrado su organismo para afincarse. Un mango diario es su dieta. De vez en cuando una sardina o una arepa con guarapo desabrido de borra de café. El salario de docente de artes plásticas no le da para más. La voracidad de la inflación revolucionaria y la impune usura de los comerciantes, se lo destrozan en dos días.
Sin embargo, él no pierde su condición de buen humor. Ese mismo que manifestó hace más de cinco años cuando fue uno de los fundadores de La Caminata de los Borrachos en El Tigre.  O mucho antes, en aquellos años que hicimos para el diario “Mundo Oriental” las páginas humor gráfico local “La del estribo” y “Yo te aviso…”
 Lo cierto es que a José Hernández, contemplado en el espejo, quizás, su propio esmirriado  cuerpo, otrora de corpulento basquetbolista, se le ocurrió la idea de proponer el primer premio en honor al empobrecimiento a que nos somete la guerra económica de Maduro.
Sería un premio nacional que nacería de El Tigre con el nombre de Palo de Barraca. Podrían concursar todas las personas, sin distingo de sexo ni edad, que por el hambre o la dieta forzada, como prefieren llamarla quienes tienen un lenguaje más refinado, se padece en Venezuela. Sí. Todas aquellas personas que han enflaquecido de manera dramática, que en algunos casos presentan rostros y cuerpos sorpresivamente irreconocibles, quedando su imagen tan golpeada por la falta de alimentos como la de los palos con que en los sectores populares, en las invasiones de  terrenos los pobres construyen sus barracas. Son palos delgados, torcidos, empatados y más claveteados que un peine hecho de tachuelas.
Así se ve a mucha gente por la calle, de arriba abajo, paseando su flacura, deseando que a través de los ojos también se pudiera comer para engullirse en cada mirada la comida que exhiben comerciantes a precios exorbitantes. Comerciantes que ahora en su mayoría son informales. Antes sólo lo eran los buhoneros. Pero ahora pasaron a ser informales quienes tenían patente para comercializar determinado rubro y de la noche a la mañana dieron un giro de ramo pasando por encima del Código de Comercio y venden víveres libremente y sumamente caros.
“El danto” dice que aquí mismo en El Tigre, habría muy buenos candidatos para ganarse el primer premio. Teatreros, trabajadores culturales, periodistas, deportistas, médicos, choferes, albañiles, docentes, estudiantes, todas las profesiones, oficios y ocupaciones tendrían candidatos a granel; excepto políticos en ejercicio del cargo, policías, militares y expendedores de comida. Esto da una idea que a ámbito nacional sería un premio muy reñido. Tal vez sería necesario realizarlo por rondas eliminatorias: Primero por consejos comunales, siguiendo por comunas,  municipios, estados, regiones y hasta llegar al gran evento nacional.
En final local, El Tigre tendría un sitio ideal para el escenario, la calle 20 del sector Pueblo Nuevo Norte,  llamada  en un tiempo “la calle del hambre”. Todo ello al ritmo de la ese nuevo extraordinario éxito musical que descocó a su autor, “La sardina”, que tanto le gusta al locutor Sandro Milano.
José Hernández propone que se le entregue una distinción especial a los ministros de Producción Agrícola y Tierras, que reciente dijo que la producción agrícola se había multiplicado el año pasado y que los venezolanos comían más de tres veces al día; y para el de Alimentación, que con frecuencia anuncia el arribo de barcos a los puertos marítimos venezolanos cargados con sopotocientas toneladas de alimentos.
El premio debe efectuarse antes de las elecciones presidenciales que a través de la Asamblea Nacional Constituyente impuso Diosdado Cabello. De aquí al mes de abril, de seguir el hambre y las carencias en el país, más de un palo de barraca quedará sembrado en la fosa; ya que los bonos festivos de Maduro no son más que cínico homenaje a la miseria.