Javier Osto:
El hambre y el futuro

Ahora voy muy poco a la ciudad, la situación de crisis que vivimos y que según algunos voceros, es  culpa de todo el mundo menos de nuestros líderes, o que es mentira, que no hay ninguna crisis, nos ha desvinculado  de muchas cosas, viajar, visitar la familia, los hijos o los amigos. Vivo metido en este campo, cercano a las orillas del río Quebradón, que este año se secó temprano, después de haber sido contaminadas sus aguas por la industria petrolera y quedando en sus arenas secas y desoladas, dibujos de mantos negros que dicen mucho del grado de daño que han causado en una de las fuentes de agua, donde generaciones y generaciones sembraron el pan nuestro de cada día.
I
Hace poco más de un mes  fui a El Tigre, me acerqué a un local de venta de comidas en pleno centro, yo me supongo que ya para muchos, los que viven en la ciudad, es cotidiano, lo que para mí en ese momento fue una triste escena, que duele más allá de mirarle los ojos de angustia a aquellos niños y niñas, todos pequeños, -cinco, siete, ocho años- por ver lo que había quedado en el plato. Observar el FUTURO DE LA PATRIA DE BOLÍVAR, agarrando los huesos de pollo y las granzas de pasta y masticarlos  casi con desespero deprime el alma. Niños y niñas que debería estar en la escuela, andan deambulando de sitio en sitio para ver cómo consiguen algo de comer, un poquito  que deje algún comensal para ellos rapiñarlo  o quien les obsequia un pedazo de pan para mitigar el hambre.
II
La semana pasada, murió en San Diego de Cabrutica,  un habitante del campo, cercano al pueblo, lo trasladaron y  mientras los familiares tramitaban las cosas, la misma noche, le desvalijaron la casa, le robaron unos sacos de arroz que había cosechado, le arrancaron unos palitos de yuca. Nunca antes que tenga conocimiento, este tipo de cosas se habían visto en estos pueblos rurales, donde el hombre y la mujer eran personas para el respeto de lo ajeno y ese modo inculcaban a sus descendientes.
III
Nuestra familia ha sido de generación en generación agricultora, sembradora de caña para fabricar papelón en la época de verano. El primo Ernesto Malavé, tiene su trapiche en  la vía que va de San Diego a Petrocedeño, en estos días se le llenó el trapiche de niños, niñas y mujeres que  atropellaron al “fondero” para apoderarse del dulce que había en la batea de enfriamiento.
IV
Pero no, esto no es crisis, es guerra económica. Disparate  ¿Qué futuro se está esculpiendo para las nuevas generaciones? Esos miles y miles de niños y niñas que deambulan registrando basureros, comiendo sobras descompuestas, porque sus padres les dicen -tal vez- vayan y vean que consiguen para que coman ¿Dónde quedó el legado “no habrá más niños en situación de calle o me quito el nombre”?
V
Si hay hambre, negarlo es estar de espaldas a la realidad y desconocer el drama que está padeciendo la otrora Venezuela saudita. Y este drama compromete el futuro de la patria. “El daño afectivo, cognitivo y metabólico de tener hambre, desencadenando desnutrición en la primera fase de la infancia es irreversible” Susana Raffalli, experta en nutrición y seguridad alimentaria.