JOSÉ TOMÁS PÉREZ RODRÍGUEZ :
Creencias, mitos, leyendas de mi pueblo

Continuando con algunos relatos sobre hechos inexplicables por la ciencia, recordaremos otras dos de las incontables experiencias propias y ajenas de la bella gente de toda Venezuela. En cada población, grande o pequeña, se tejen historias que dejan pasmados a las más incrédulas personas.

Los encantos
En toda Venezuela se cree que existen niños quienes viven en un castillo debajo del agua, bien sea laguna, lago, río, quebrada, madre vieja, lago, el mar o cualquier depósito de agua natural. El palacio es paradisíaco, sus columnas y paredes son de un color suave que atrae a los niños, hay música permanente con armonía incomparable, las camas son tan mullidas que al acostarse los niños quedan rendidos en un sueño profundo y soñando con ángeles y fantasiosos juegos inimaginables.    Este lugar es tan maravilloso que los niños permanecen siempre con el mismo estado físico, mental y emocional, no envejecen jamás. La alegría es perenne y es el principal aditivo para la eterna niñez.  
Algunos trasnochadores afirman haber visto el grande y bello palacio, en las noches de luna llena, y oído los emocionados gritos y la risa alegre de los niños.
Cuando desaparece un niño sin explicación lógica se dice que se lo llevó un encanto. Éstos los cautivan con promesas de las maravillas que encontrarán en el palacio instalado debajo del agua, bajo la firme promesa que no se ahogarán. También los convencen por medio de sueños y los niños caminan sonámbulos hasta llegar al lugar prometido. Éstos no aparecen jamás, sus cuerpos presuntamente ahogados no se encuentran ni encendiendo la vela de Nuestra Señora de la Candelaria acompañada de la oración correspondiente.
Generalmente, los niños más propensos a ser convencidos por el encanto son aquellos que no han recibido el bautismo. En razón de ello los padres hacen un bautismo previo llamado “poner el agua”. Como todo padrino funge como padre, deben cuidar a los niños prohibiéndoles acercarse a las lagunas. El padrino debe tener una conducta intachable de lo contrario la puesta de agua no surge ningún efecto.
En Aragua de Barcelona se conoce de pocos casos de niños “encantados” pero la pérdida de ellos se atribuye a este fenómeno sobrenatural. Muchos dicen que nuestro gran amigo Armando “saca clavo” no se ahogó, se lo llevó un encanto. Quizás especularon porque su alma impoluta era la de un niño. Se descarta porque él no sabía nadar y su cuerpo fue encontrado en el préstamo donde se ahogó.          

El espanto del lavadero de El Tigrito
En El Tigrito, estado Anzoátegui, hasta los años sesenta las señoras iban a orillas del río Tigre a lavar la ropa de la familia. Muy temprano en la mañana se reunían y bajo amenas conversaciones se disponen a lavar la ropa mientras sus hijos se bañaban en la orilla. En una ocasión la señora Rita intentó recoger agua y tocó a un temblador cuya electricidad le provocó desmayo y la muerte. Desde su deceso empezaron a suceder fenómenos inexplicables, desaparecía el jabón, se perdían prendas de vestir. No obstante, cuando se pronunciaba el nombre de Rita, todo aparecía un poco más allá.
Un día, al despuntar el alba, Carmen Mendoza comenzó a lavar la ropa. Desvió la mirada hacia una palmera y vio a un niño acurrucado, aterido del frío y mojado. Carmen le preguntó si no le daba miedo bañarse solo y tan temprano y el infante se transformó en un esqueleto gigante que movía la cabeza hacia todos los lados. Carmen se desmayó y durante mucho tiempo se negó a volver a lavar en ese lugar. Otra lavandera, llamada Clotilde, quien no creía en espantos ni aparecidos, se reía del susto de su comadre Carmen. Durante una fiesta las mujeres comentaron el hecho y Clotilde atribuyó al miedo de su comadre lo acontecido en el río. Al día siguiente encontraron a Clotilde desmayada sobre la ropa mojada. Según contó después, ya sosegada, que llegó muy temprano en la mañana y un niño llamó su atención. Cuando intentó hablarle lo vio convertido en un esqueleto gigante el cual, con voz cavernosa le dijo: ¡Yo soy el espíritu de Rita!