TULIO MONSALVE:
Poder sin discurso

Se hace historia con acciones, pero se consolida con el discurso. O de darse lo contrario, fabricar discursos sin poder político. Piezas prescindibles e innecesarias. Que llevan a la frustración de lo político y por ende, a la desesperanza y al fastidio, de algunos que pretenden liderar pero mal interpretan la realidad y crean una narrativa impropia del momento.
¿Qué se espera de un discurso? No sólo ganar elecciones sino que estimule e impulse al ser humano hasta el heroísmo. Y haga posible cumplir el fin de una causa notable. Que sean potentes e inspiren nuevas ideas. Nuevas visiones y horizontes.
La historia de Venezuela tiene repertorio relevante de piezas de este tenor. Todas llenas de poder. Que dejaron huellas en la esperanza de la gente que los escuchó.
Paradójicamente, ¿qué logran los discursos de los líderes de hoy en el país? Empobrecer la esperanza. Limitar la inteligencia al repetir lo obvio y conocido: “La crisis”. “El cambio del modelo”. “Canal humanitario”. “La dictadura”. “La dolarización”. “El hambre”. Cuentan mil veces la misma necedad.

Al final su discurso se transforma en llorona. No dice nada que anime la acción. Olvidan lo más importante: lograr unir a la gente en una idea para el día después de la votación.
Estos discurseadores no saben manejar los tiempos duros o las condiciones difíciles, su poco temple no resiste la tensión. Su narrativa se deshilacha. No logran lo mínimo: la unidad. Obvio, sus ideas están fundidas en un molde de la tradición de una República que todo lo malgastó. Y ante su falta de crédito moral solo se les ocurrió pedir más préstamos.
Sin gallardía y con poco ingenio solo podían manejarse con reglas propias de una generación de egoístas, rellenos de viejos trabalenguas: “Disparen primero y averigüen después”; “Acta mata voto”; “¡We will come back!”. Ellos y su herencia que solo produce carencias sin discurso de visión totalizante y cuando esto falta, el pueblo da la espalda.
Desde la Mesa o su inexistente Frente Amplio sin valores sociales nobles solo prometen una sociedad dolarizada. Su discurso solo hace presentir la persistencia de más desigualdad. Idea que en el corto plazo se desvanece por falta de discurso, pues su ideología sigue el cauce de los corredores de moneda de mucha dentera y poco escrúpulo. Su final: discurso sin poder.